Derrota póstuma




La segunda vuelta entre Claudio Orrego y Karina Oliva ha sido el resumen perfecto de la tragicomedia protagonizada por la oposición en los últimos años. El candidato de Unidad Constituyente, niño símbolo de la ex Concertación, terminó siendo consagrado por el pacto del PC y el FA como el rostro de las tres décadas de la vergüenza, ese país al cual las mismas fuerzas que hoy lo respaldan ayudaron a mandar a la hoguera. En los hechos, la campaña de Oliva solo ha venido a confirmar algo inevitable desde el día uno: que la autodemolición iniciada por la centroizquierda hace una década, con retroexcavadora incluida, terminaría con los escombros cayéndole sobre su propia cabeza.

Hace tres semanas, el PS y el PPD hacían frenéticas gestiones para integrarse a la primaria del PC y el FA, dejando a la DC a la vera del camino luego de haberla obligado a denostar a su candidata presidencial. Hoy, supuestamente, saldrán a votar por Orrego igual que los cuatro precandidatos de la derecha. Y si éste llega a triunfar, la candidata derrotada y su séquito dirán que perdieron porque la derecha respaldó al exintendente DC. En síntesis, una victoria de Orrego sería para sus adversarios no solo el triunfo de los últimos 30 años, sino, además, del “pinochetismo”. Esos adversarios, que han barrido moralmente el piso con Orrego, son a su vez aliados de la DC en la mayoría de las contiendas de las otras regiones.

Obviamente, esta disputa en la RM no es emblemática solo por su peso demográfico, sino también por el precedente real o imaginario que sentará para la elección presidencial. Porque ante el fracaso político y cultural de la derecha, con la perspectiva de que el candidato de Chile Vamos deba competir en primera vuelta con José Antonio Kast, un balotaje como el de hoy en Santiago -sin candidato de derecha- se vuelve muy probable. Y en esa eventualidad, la confrontación entre una candidata DC (Yasna Provoste) y el que resulte de la primaria PC-FA, tendría lógicas y connotaciones muy similares a las observadas en el duelo entre Orrego y Oliva.

La actual presidenta del Senado podrá ser muy progresista, pero al final del día es DC, por tanto, es muy difícil que los comunistas y el FA terminen respaldándola y gobernando con ella, más aún si se da el caso que deban enfrentarla en una segunda vuelta. Así, la única posibilidad de ganar de la futura candidata DC es que la derecha no esté en el balotaje, y no tenga otra alternativa más que apoyarla para impedir el triunfo de la izquierda; es decir, el escenario que hoy se da en la gobernación de la RM.

Es la razón por la cual Claudio Orrego y Unidad Constituyente tienen hoy solo dos alternativas: o pierden con sus 30 años a cuestas o ganan con votos de la derecha. Sus adversarios en la capital, algunos de los cuales ahora incluso exigen a la DC un “estatuto de garantías” en caso de ganar en diciembre, no le van a conceder ninguna otra posibilidad.

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