Desafíos urgentes para superar la pobreza



Por Ricardo Mewes, presidente de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Chile

Según la última encuesta Casen 2020, más de dos millones de chilenos hoy son oficialmente pobres (10,8% de la población) y más de 800 mil viven en la extrema pobreza, convirtiéndose en la primera alza en nuestro país desde el año 2000 cuando la cifra alcanzó el 36%, para luego descender sostenidamente hasta el 2017 (8,6%).

Existían proyecciones más pesimistas aún, como la del FMI, que esperaba que la tasa de pobreza superara el 12% así como la de la Cepal que indicó que, sin las ayudas estatales para enfrentar los efectos socioeconómicos de la pandemia, este indicador habría alcanzado el 13,7%, datos que evidencian que, pese a los difíciles momentos que estamos viviendo, la situación hubiera sido aún peor.

Estas cifras, que reflejan las múltiples carencias que enfrentan las personas de escasos recursos en áreas tan fundamentales como la educación, vivienda y salud, entre otros, dan cuenta de la importancia de detenerse a reflexionar sobre cómo avanzamos en mejorar la calidad de vida de los chilenos en todos sus ámbitos y ese es el gran desafío al que todos estamos convocados, públicos y privados, tarea urgente para las actuales y futuras autoridades, para los convencionales constituyentes, para los candidatos presidenciales, para todos los empresarios, la academia, etc. Es una misión, más que nunca, multisectorial. Una tarea de todos.

Para superar esta crisis es esencial la reactivación económica a través de la inversión y del empleo, y si bien las cifras del Imacec muestran que se ha recuperado en parte lo perdido, el gran desafío aún pendiente es reactivar el mercado laboral. Según el último informe de Empleo Covid19 del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales UC, la recuperación de empleos no llega al 50%, situación que va de la mano con lo que mostró la última Casen. A su vez, este mismo estudio da cuenta de 1,13 millones de personas -62% mujeres- que declaran que habrían buscado trabajo si no estuviéramos en esta crisis sanitaria. La pandemia y las restricciones de movilidad, el miedo a los contagios, el cuidado de los hijos o de adultos mayores, el aumento sostenido de trabajos precarios, las nuevas formas de trabajo remoto y los bajos sueldos son algunas de las tantas razones por las que muchas personas han decidido no volver al trabajo formal.

Esto se condice con las cifras de la Bolsa Nacional de Empleo que evidenciaron que las ofertas laborales crecieron un 44%, mientras que las postulaciones cayeron un 34,8%. Entonces el desafío es doble si queremos dejar atrás estas alarmantes cifras de pobreza, no solo necesitamos impulsar la demanda laboral de empleos formales y de calidad, evaluando, ajustando y perfeccionando los subsidios existentes, sino que además necesitamos recuperar la oferta, donde las menores restricciones de movilidad juegan un rol fundamental, junto con la generación de más y mejores oportunidades laborales que posibiliten el desarrollo y crecimiento de los trabajadores.

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