Despersonalización

embarazo embarazada



SEÑOR DIRECTOR

Intentaré, por tercera vez, argumentos distintos a los que ya he dado, no con la expectativa de que esto destrabe el debate, sino que, al menos, arroje nueva luz sobre lo que Soledad Alvear llama “errores”.

Yo no sostengo que solo las personas tienen derecho al reconocimiento de la personalidad jurídica; eso es lo que sostiene el Art. 3 de la Convención Americana de DD.HH.. Sin embargo, del Art. 1.2 que establece que “persona es todo ser humano”, no se sigue que el no nacido sea persona. En efecto, la discusión sobre el inicio de la vida humana tiene dimensiones biológicas, éticas y religiosas que Alvear da por sentadas o bien obvia. De hecho, y conforme a la interpretación en Artavia Murillo de la CIDH, el embrión no puede ser entendido como persona para los efectos del derecho a la vida (par. 264).

Por otro lado, el art. 4.1. establece que este derecho se protege “en general” desde la concepción. ¿Por qué la Convención se toma la molestia de hacer esta aclaración? Alvear ha mostrado un compromiso con la exigibilidad general del embarazo, por lo que, intuyo, su respuesta sería que esta norma permite abortos bajo un sistema de causales estrictas pero no de plazos. Por ello, sostiene que el segundo “error” es un sistema de protecciones basado en el “deseo de embarazarse”. Por supuesto, el proyecto de 14 semanas no está justificado por esa idea, sino que por la autonomía reproductiva de la mujer y una corrección de la injusticia de que solo sobre ella recaiga un deber que no puede recaer en ningún hombre, bajo circunstancia alguna.

En otras palabras, el embarazo solo es exigible en la medida en que la voluntad de la mujer -no su deseo- sea el de asumir la carga. La protección “en general” desde la concepción, entonces, puede ser compatible con una protección de la autonomía de la mujer y no solo de causales estrictas definidas, por ejemplo, por el legislador.

Maite Orsini Pascal

Diputada. Presidenta de la Comisión de Mujeres y Equidad de Género

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