Difícil momento de la oposición

07 de Abril 2020 / VALPARAISO Karol cariola , Gabriel Siber ,durante la votación de la nueva mesa de la corporación de la cámara de diputadas y diputados. FOTO :PABLO OVALLE ISASMENDI / AGENCIA UNO



La frustrada elección del diputado DC Gabriel Silber como nuevo presidente de la Cámara, debido a las fuertes divisiones que surgieron al interior de la oposición -permitiendo que en su lugar asumiera un representante del oficialismo-, es ilustrativo del fuerte deterioro que experimenta dicho bloque político, sembrando dudas sobre sus posibilidades de brindar genuina gobernabilidad al país.

Existía un acuerdo entre las fuerzas opositoras para que la DC mantuviera la presidencia de la Cámara, en tanto que la segunda vicepresidencia quedaría en manos de una diputada del Partido Comunista; sin embargo, el nombre de Silber despertaba fuertes resistencias entre los diputados del Frente Amplio, debido a su rol de “facilitador” con las reformas presentadas por el gobierno. Desde hacía tiempo que los miembros del FA venían anunciando su incomodidad con este “colaboracionismo”, concretando ahora su amenaza. El bochorno de haber perdido la presidencia de la Cámara -un hecho ciertamente inédito- producto de la incapacidad para respetar lo que ya había sido acordado probablemente dejará heridas difíciles de restañar.

Las consecuencias de este hecho no solo se reflejarán en el ámbito propiamente legislativo, ya que la presidencia de la Cámara puede imponer un determinado ritmo en los proyectos que serán tratados por la Cámara, sino también abre interrogantes sobre las proyecciones que tiene el variopinto conglomerado opositor. Esencial para que una coalición pueda funcionar como tal es que existan acuerdos y lealtades elementales, sin las cuales es difícil proyectar futuras alianzas de gobierno. Más allá de que probablemente se alcancen futuros pactos electorales, en cambio es dudoso que agrupaciones que no logran dar muestras de gobernabilidad puedan asegurar una futura plataforma de gobierno.

La Democracia Cristiana, por su parte, ha recibido un duro golpe de algunos de sus aliados, y resta ver de qué forma será respondido este desaire. El partido estaba logrando un interesante posicionamiento como partido bisagra -en medio de un clima altamente polarizado y de constante obstruccionismo legislativo-, pero ahora ese rol queda en entredicho. Su directiva deberá definir si se resigna a los hechos u opta por profundizar un camino propio, opción esta última dificultada por algunos núcleos de la propia colectividad, que privilegian entendimientos con la izquierda más dura.

El traspié en la Cámara envía una negativa señal hacia el país, pues es indicativo de que los gestos de entendimiento con el gobierno y la búsqueda de acuerdos en beneficio del país son resistidos por sectores de la izquierda, incluso castigados, anticipando que el ambiente de polarización seguirá presente, con el perjuicio que ello conlleva.

Ha trascendido que algunos sectores de la oposición evalúan presentar una moción de censura en contra de la nueva mesa, para así forzar una nueva elección. Una maniobra así, aun cuando reglamentariamente posible, sería sencillamente artera y solo acrecentaría el desprestigio en que ya se encuentra la política.

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