Distancia social con alcaldes

20/03/2020 ALCALDES SE REUNEN CON MINISTRO DEL INTERIOR Y MINISTRO DE SALUD JAIME MAÑALICH Mario Tellez/La Tercera


Hasta mediados de esta semana, como cuenta un reportaje de este medio publicado ayer, los alcaldes habían pauteado al gobierno adelantándose a sus medidas. La suspensión de clases a partir del lunes 16 de marzo fue el inicio de las medidas, pues el gobierno pensaba hacerla de manera paulatina. Vino después el cierre de malls, asunto para el cual los municipios no tenían atribuciones, e incluso algunos más audaces plantearon la dictación de normas para cuarentena obligatoria. Una lectura cuidadosa más allá de los titulares hacía ver que era una ingeniosa trampa comunicacional, pero en concreto no implicaba nada.

Hasta ese momento, era manejable el conflicto, pero el punto de quiebre fue la carta del 20 de marzo, firmada por 56 alcaldes de todo el espectro político, donde solicitan al gobierno una cuarentena obligatoria. Ardieron las oficinas en La Moneda, en especial porque entre los firmantes había una buena cantidad del oficialismo. El gobierno parecía ser el indolente, mientras los ediles quedaban como la voz del pueblo. Ello explica la reacción desmedida del ministro de Salud y, sin duda, las duras expresiones de la vocera de gobierno, pese a que por su historia familiar conoce de cerca cómo funcionan los gobiernos comunales.

Lo que está en juego, desde el punto de vista político, no es menor. Los alcaldes fueron los mejores valorados en la crisis del 18 de octubre y en menos de seis meses se les presenta otra oportunidad de ser actores relevantes. Generalmente han sido ninguneados en las decisiones políticas y, por tanto, tienen los incentivos claros para correr el cerco. El mejor ejemplo de ese ninguneo fue el intento de bajar el plebiscito sobre la Constitución que organizaron para diciembre, con resultado fallido. Por otro lado, también los ediles enfrentan amenazas políticas en sus comunas.

La postergación de las elecciones para después del plebiscito constitucional es una seria amenaza a la participación electoral y con ello para la reelección de varios. Las sorpresas que se han dado en votaciones anteriores estuvieron en muchos casos ligadas a la baja participación electoral. La fecha de abril del 2021, si bien les alarga sus mandatos, les enreda la reelección a varios, y quienes tienen otros intereses electorales tendrán que renunciar, dejando varios meses la alcaldía a cargo de otros, con los riesgos políticos que conlleva. Para evitar ese síndrome deben mantenerse en la cresta de la ola, aun cuando tomen medidas para las que no tengan atribuciones.

Por otro lado, el gobierno enfrenta una crisis con un ministro técnicamente solvente, pero con serias dificultades comunicacionales. Mañalich fue criticado en su momento cuando habló de postergar el plebiscito y tomar medidas de distanciamiento social, pero tenía razón. También fue inapropiado referirse al coronavirus como “buena persona”. En este punto también la ciencia lo acompaña, pues varios epidemiólogos han manifestado en entrevistas a medios internacionales que el fin de la crisis estará ligada a una atenuación del virus. Pero en un país donde las personas se informan principalmente por televisión y las redes sociales hierven en falsas noticias y consignas, una campaña informativa en serio por parte del Ministerio de Salud habría sido de gran utilidad. Quedarse en los modos bruscos del ministro para enterarse qué hacer es una mala estrategia. En ese virus comunicacional, los alcaldes han encontrado un espacio de empatía con la opinión pública.

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