Carlos Correa

Carlos Correa

Consultor en opinión pública. Ex Secom (s)

Opinión

Efecto disuasivo

Cubillos
Foto: Mario Téllez

Si hay una señal clara del acotado cambio de gabinete que hizo el gobierno es el efecto disuasivo que tiene para el resto de los ministros. El Presidente no es capaz de tolerar salidas de guión cuando pueden tener efectos en sus idolatradas encuestas y afectar el relato de un gobierno que busca hacer mejor las cosas.

La salida de los ministros Varela y Pérez no va al problema de fondo que está haciendo mella en los números de popularidad de La Moneda, pero sirve de mensaje para el resto del gabinete. Al Presidente le da lo mismo reconocer que se equivocó con nombramientos y ante cualquier cosa que ponga en riesgo su propia popularidad, reaccionará de manera acelerada y no dará tiempo a errores. Aunque ambos no son los únicos que han andado desacertados, el mensaje quedó claro para los demás. En la larga tarde llena de rumores deben haber respirado muy frío los ministros de Economía y Salud, quienes también han protagonizado sonoros gazapos con efectos en el discurso que venían tiempos mejores. Si el gobierno no logra revertir la caída que ha tenido estos días en las encuestas, vendrán más cabezas al ruedo. El juego es peligroso, pues cada día lunes que se publica la Cadem o cuando salgan las encuestas mensuales de Adimark o Criteria empezarán nuevamente los rumores y las amenazas sobre los que saquen mala nota.

La otra señal clara es que a Piñera le siguen valiendo poco los partidos que conforman su coalición. Ninguno de los dos nuevos ministros tiene militancia política y son ambos conocidos por su cercanía al Presidente y que han cumplido en cuidarlo cuando corresponde. La Moneda supone que podrán suplir su inexperiencia en los cargos asignados con su reconocida eficacia en destinos anteriores y el olfato que tienen tanto Schmidt como Rojas para interpretar los deseos presidenciales.

El cambio en el siempre conflictivo Ministerio de Educación es más llamativo aún. Al igual que la vez pasada, sacrificó una pieza para ponerla en la caldera. La ministra Cubillos había logrado un buen espacio público en Medio Ambiente con la política de fin a las bolsas plásticas y con el ingreso al Parlamento de una ambiciosa reforma al Sistema de Evaluación Ambiental. Termina en una cartera que conoce, pues fue diputada con fuerte presencia en las comisiones de Educación de la Cámara, donde jugó un rol fiscalizador rudo que bien recuerdan los ministros de entonces. Ahora, del otro lado del mesón, tendrá que resolver la difícil ecuación del proyecto del CAE presentado y sacar la implementación de las leyes de educación. La marchitez del movimiento estudiantil ayuda a no tener tormentas inmediatas, pero en el Congreso las cosas pueden ser requerir más flexibilidad que energía.

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