El espejismo de los independientes

1er Simulacro Nacional de Asamblea Constituyente



Por Carlos Meléndez, académico UDP y COES

Chile va a elegir a los miembros de la Convención Constitucional en uno de los momentos más críticos de su sistema de partidos. Como se sabe, estas organizaciones han perdido conexión “vertical” con la sociedad y han debilitado su capacidad de articulación “horizontal” de políticos profesionales, por lo que se espera un número inédito de candidaturas “independientes” al órgano que confeccionará la nueva Carta Magna. Desde figuras mediatizadas de la protesta social hasta estrellas del periodismo y la farándula han mostrado interés en convertirse en convencionales.

Uno de los signos de flaqueza de un establishment partidista es la irrupción de “independientes” en la política. Por contraposición al “duopolio”, el electorado va a encontrar mérito en la simple novedad, para evitar que un momento fundacional sea copado por “los mismos de siempre” (o por los “nuevos” que replican la praxis de sus antecesores). Así, la inexperiencia política se convierte en capital político, y el solo hecho de no pertenecer a un partido se traduce en una ilusión de conexión con las demandas sociales, que aquellas entidades dejaron de representar.

Desvinculados de organizaciones políticas con posiciones ideológicas reconocidas públicamente, los “independientes” tienen que generar atajos cognitivos para llegar al electorado normalmente desinformado. Es por ello que la mayoría de “independientes” provienen de espacios públicos mediáticos -farándula, periodismo, cultura, opinología. Los más duchos en la comunicación tendrán una ventaja en proyectar señales que activarán simpatías en determinados electores. El reconocimiento público de las personalidades se convierte en criterio de selección, desplazando a las preferencias programáticas. Así, la personalización de la política que ya ha carcomido desde adentro la vigencia de las organizaciones partidarias, llegaría a un nivel más alto.

En este contexto, una periodista influencer o un vendedor de best sellers tomarán seguramente la delantera en la campaña por la Convención Constitucional. Pero cabe alertar del espejismo. En la política chilena, buena parte de los “independientes” comparten las mismas deficiencias estructurales con los integrantes del establishment. La “novedad” y el “recambio” que portan no resuelve los problemas de desconexión con la sociedad y de ausencia de canalización de demandas sociales. Su amateurismo puede cobrar factura al momento de elaborar una Constitución en un plazo máximo de doce meses. El hecho que no pertenezcan a organizaciones les excusará del valor de la disciplina programática y los ejercicios de rendición de cuentas dependerán básicamente de su buena voluntad.

Claramente los partidos son los principales responsables de la crisis de representación, pero un desborde de “independientes” es parte del problema; no de la solución. Así, el proceso refundacional de la política chilena tomará las virtudes y los defectos de los debutantes que elijamos.

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