El Estado puede ser eficiente

Recinto de vacunación dentro del Estadio Bicentenario de La Florida. (Foto: Agencia Uno)



La humanidad tiene una demanda planetaria por sobre cualquier otra: vacuna para todos. Y Chile está teniendo una capacidad notable de respuesta a esa demanda. Es la salud pública y también la privada. Es sin duda el gobierno central, cabeza indiscutible del esfuerzo, pero también los municipios que juegan un rol clave en la distribución final de la vacuna; las capacidades de conectar el territorio de las FFAA y otros medios públicos y privados. Y muy importante, es el protagonismo y la confianza de la sociedad y sus organizaciones en esta tarea. Es la labor de una nación movilizada tras el anhelo hoy dominante: disponer de vacuna para todos y ser capaz de hacerla llegar a cada uno sin excepción, con prioridades conocidas y comprendidas por todos.

Este proceso prueba que el Estado puede ser eficiente cuando se lo propone. Así ha sido en esta primera semana de vacunación.

El desprestigio de la política tiene en la ineficiencia multifacética del Estado y en su privatización por los partidos, un fundamento convincente y extendido. La política, incapaz siquiera de entenderlo, siente que su tarea termina en lo que aún no resuelve nada: ¡saquemos una ley! Cuando la votan, se dan por cumplidos, se aplauden puño en alto; y corren tras la próxima ley. Es el autismo parlamentarista de una política ensimismada. La respuesta que la ciudadanía demanda, ni siquiera ha comenzado a llegar a ella. Más aún, la ciudadanía ve las colas, la proliferación de funcionarios que destacan por su militancia pero no por su competencia y cuyos sueldos aumentan mientras los propios se hacen más inciertos, el desastre de la educación pública a pesar de aumentos presupuestarios año tras año,  urbanizaciones discriminatorias donde se exponen dos calidades insultantemente distintas de ciudad conviviendo.

La vacunación está demostrando que un Estado eficiente es posible y que es lo que la ciudadanía quiere. Por algo el área de Salud del gobierno tiene una calificación ciudadana mucho mejor que el resto del gobierno y que las coaliciones políticas. Pues bien, esta experiencia ciudadana, aumentará su exigencia de que la salud completa adquiera una nueva calidad permanente; y más allá aún, que el conjunto del aparato público se modernice, desburocratice, deje de ser partidocrático y pase a ser ciudadano. O sea, como la vacunación. La ciudadanía ha repudiado los intentos de transformar la pandemia en otra batalla política.

Llevamos más tiempo que el resto del mundo -desde el 18/O- de anormalidad e inestabilidad. Todo el país está cansado.  La demanda de normalidad, de estabilidad y de un Estado que provea protección social ante las incertidumbres, se ha hecho dominante. Eso requiere otro tipo de política y otra calidad de Estado. ¡Ahora!

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