El Fogape personal



Por César Barros, economista

En el año 1982, yo era un orgulloso ejecutivo de un banco extranjero. Tenía un sueldo en UF que subía y subía. Y me entendía en lo financiero con dólares, que no se movían de los $39. Plata dulce (de los petrodólares) al 9%, mientras el financiamiento en pesos era como del 4%... ¡Pero mensual! Endeudarse en dólares era “la papa”, y más encima la prestaban con ganas.

Pero en medio de la fiesta, el nuevo chairman de la FED, Paul Volcker, preocupado por la inflación (petróleo caro, y déficits por Vietnam) subió la tasa de interés, arriba del 20%. Y el dulce desapareció. Llegó la recesión; primero se derrumbó México, y a los argentinos no se les ocurrió nada mejor que tomarse las Falklands. Aquí se empezaron a ir las reservas, los exportadores lloraban, pero nada: el cambio a $39 parecía escrito en bronce. Hasta que un día en junio se rompió el encanto y devaluaron: tímidamente primero, y a poco andar llego a $60, y seguía subiendo mes a mes.

Con pasivos en dólares y el país sin reservas, todas las empresas y los bancos se hicieron insolventes. Los bancos fueron intervenidos, las grandes empresas también. Cayeron presos banqueros, reguladores y ministros (a alguien había que echarle la culpa). La economía perdió en dos años casi un 20% del PIB per cápita, y el desempleo trepó arriba del 20%. Se desataron las protestas, y tal como ahora, se buscaron paliativos: el PEM y el POJH (de triste recuerdo), el dólar preferencial, compra de cartera a los bancos y reprogramaciones masivas a empresas y personas.

Ahora es el Covid. Y con un desastre económico como el de illo tempore se están viendo mecanismos para ayudar a empresas (Pymes y no tan Pymes) con el Fogape, uso anticipado del seguro de cesantía, ingreso familiar básico y cajas con comida. Pero como la imaginación en tiempos del cólera es burbujeante, a algunos ignorantes se les ocurrió que podría ser buena idea rescatar el 10% de los fondos previsionales acumulados para “la clase media”. Aparte de seguir minando el sistema de capitalización individual (una vez más), ignoran que más del 62% de los afiliados tiene acumulado menos de $7 millones, y el 70% menos de $10 millones. Y hay que definir qué es “clase media”, porque el 99% de los chilenos cree estar en esa categoría. El 10% de los fondos a retirar no pasarían de las 400 “lucas”, un millón si Dios se equivoca, para la mayoría de las personas.

Si el problema ahora no son las empresas de clase media (las Pymes y Mipymes), sino las personas de esa clase media, hagamos un Fogape para las personas, con 100% de cobertura, descontable de sus impuestos cuando la cosa mejore. Se pide online, y se deposita en la cuenta RUT. Como es para la clase media, que sí paga -o pagará- impuestos, la recuperabilidad no se ve ni tan mala para la banca, ni para Fogape. Todos los que tributaban antes de octubre un cierto monto promedio (con un techo obviamente), tienen acceso a un crédito barato, a largo plazo y seguro. ¿Cuántos meses de sueldo o de ingresos se les pueden pasar? Es un tema de armar bien el álgebra. Pero si para las Pymes funciona, ¿por qué no para las personas de clase media? Eso es mejor que seguir revolviéndola con los fondos previsionales, que tantos quieren expropiar y/o exorcizar.

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