El gambito de Lavín




Con un innegable manejo de los tiempos, Joaquín Lavín volvió a confirmar ayer su escasa aversión al riesgo. Sin haber dado señales previas, decidió cerrar el camino a su reelección como alcalde de Las Condes y abrió las puertas a su candidatura presidencial, poniendo de paso a Evelyn Matthei y Daniel Jadue en un evidente pie forzado. En este nuevo escenario, ya no parece tan simple para estos dos últimos mantener la intención de competir por un nuevo período edilicio y continuar siendo una alternativa presidencial.

En efecto, las dificultades de esta apuesta a dos bandas siempre han sido visibles: por un lado, ella implica volver a pedir el voto a los vecinos para un cargo que todos saben no se ejercerá. Hay ahí sin duda un daño a la confianza y a la fe pública e, incluso, pudiera existir también el riesgo de un requerimiento por notable abandono de deberes. Y aunque no existan impedimentos legales las inconsistencias entre los plazos son elocuentes: los candidatos a las primarias presidenciales tienen que estar inscritos el próximo 5 de mayo, y los alcaldes electos recién vendrán a asumir su nuevo mandato el 24 de ese mismo mes. Es decir, un total contrasentido.

Así, lo que podía haber sido el riesgo y el precio de una decisión compartida fue el día de ayer hábilmente endosado por Lavín a la cuenta de sus competidores. Una movida en el tablero que Matthei y Jadue ahora no pueden replicar sin pagar el costo de verse obligados a seguir los pasos de quien, advirtiendo oportunamente los inconvenientes, tomó la iniciativa y dibujó con ella un nuevo escenario.

Valen por tanto la audacia y el acierto, pero es obvio que este gambito del alcalde de Las Condes estuvo también motivado por el estancamiento que, según todas las encuestas, exhibe desde hace rato su candidatura presidencial. Sin ir más lejos, la irrupción de Matthei fue un desafío directo a su decisión de definirse como un ‘socialdemócrata’, y a la desafección que su posicionamiento ha generando en un sector no pequeño de la derecha. En los hechos, esa debilidad no es un asunto conceptual; se ha estado expresando a través de diversos síntomas y es muy probable que el movimiento realizado ayer apunte en la dirección de iniciar un esfuerzo de recuperación más activo de dicho segmento.

En resumen, pasar a la ofensiva, sacudirse de una doble travesía a la larga inviable y buscar un punto de inflexión en una espiral de debilitamiento, son las posibles causas de esta jugada estival. Los efectos sobre sus adversarios y la valoración que de ella haga la opinión pública empezarán a quedar en evidencia con relativa celeridad. Porque esta fue una movida que, como las del ajedrez, inmediatamente echó a correr el reloj de los oponentes.

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