El ganador se lleva todo



Llegamos al vencimiento del plazo para inscribir las candidaturas que competirán para integrar la convención constituyente. Naturalmente las postulaciones han sido motivo de interés público; algunas reacciones me parecen sorprendentes por su falta de rigor lógico, pero más aún por la manera acrítica que son recogidas por los medios de comunicación.

La más evidente es aquella que acusa una inconsecuencia entre haber estado por la opción Rechazo en octubre y querer participar ahora en la redacción de una nueva Constitución, como si el plebiscito hubiera sido para dirimir si queríamos o no queríamos tener una Constitución. En mi caso particular, apoyé y voté por la alternativa derrotada, lo hice porque creía -y sigo creyendo- que era la mejor para nuestro país, pero venció la otra; en consecuencia, todos los chilenos estamos convocados a participar del proceso de redacción de una nueva Carta Fundamental.

Los que votamos Rechazo en octubre lo haremos para que el texto que se escribirá recoja los principios de un orden social que, a nuestro entender, genere las condiciones para vivir en libertad, con justicia y oportunidades de progreso. ¿O es que quienes apoyamos la opción perdedora debiéramos renunciar a nuestros derechos ciudadanos y, desde una suerte de apartheid, mirar cómo los otros escriben “su” Constitución?

También están los que, con un razonamiento curioso, por decir lo menos, ven en nuestra participación en el proceso constituyente una especie de oportunidad o, más aún, de un derecho que les deberíamos a quienes ganaron con la opción Apruebo. Qué puedo decir, les agradezco la buena disposición, pero no; ninguno de mis derechos como ciudadano o su ejercicio tienen relación alguna con la opción Apruebo. Claro, si no hubiera vencido esa opción no estaríamos participando del proceso actual, eso es una obviedad, pero el país habría seguido un camino de reformas que, a mí me parece, habría sido mejor. La mayoría decidió lo contrario y por eso estamos, todos y con las mismas facultades jurídicas y morales que nos confiere la democracia, implementando este.

Por último, están los que, del triunfo de la convención íntegramente elegida, desprenden que los parlamentarios actuales no pueden renunciar a seguir en sus cargos para postular como candidatos a la convención. Eso no se consultó y, por lo tanto, nada se resolvió, si algunos parlamentarios actuales quieren postular y, sometiéndose al voto popular, llegar a la constituyente, están en su legítimo derecho, les guste o disguste a algunos.

Hay quienes entienden la democracia como el título de aquella canción de ABBA: “El ganador se lleva todo”; pero la democracia es exactamente lo contrario, un sistema en que, afortunadamente, y a diferencia de los totalitarismos, nadie se lleva todo.

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