El gatillo

bolsa de santiago



Ayer el gobierno anunció un importante paquete de medidas económicas para contrarrestar los efectos de la epidemia del Covid-19 en nuestro país. Se trata de un programa potente y, en algunos aspectos, como el laboral, muy ingenioso. Estamos enfrentando desde el año pasado las consecuencias de una seguidilla de shocks -la mayoría externos- significativos.  Entre éstos cabe destacar la escasez hídrica, la guerra comercial entre EE.UU. y China, el conflicto en torno al precio del petróleo, el estallido social, y ahora los efectos económico-sociales del Covid-19. 

Ahora hay que agregar a la lista anterior la corrección, a nivel internacional, de los valores de los activos, que muchos analistas empezaban a considerar como inevitable y que se gatilló con la Covid-19. En efecto, desde la Gran Recesión de 2007-2009, políticas monetarias generalmente laxas y tasas de interés bajas, posiblemente se tradujeron en una burbuja de activos, que ahora se está desinflando con el rebasamiento de costumbre. 

Pues bien, Chile es especialmente susceptible a la evolución de la economía mundial. Años atrás, Sergio de la Cuadra y Hernán Cortés analizaron el origen, evolución y consecuencias de las recesiones (unas 13) que sufrió Chile desde la Gran Depresión, a la crisis de 1982. Creo recordar que concluyeron que todas menos dos fueron de origen externo, y que, como norma, el canal de trasmisión lo constituyeron el precio de los commodities y/o la restricción de los flujos financieros.

Los desplomes de las bolsas y la fuerte caída de los precios de la mayoría de los commodities sugiere que entramos en el mencionado proceso de corrección de esa burbuja. Esta vez, en lugar de los bancos, el exceso de endeudamiento lo sufren las empresas, cuya deuda alcanza, en EE.UU., al 75 por ciento del PIB. y que está concentrada en unos pocos sectores (R. Sharma, NYT 17.03.20). 

Lo más preocupante es que en EE.UU. el 16 por ciento de las empresas que se transan públicamente son zombies, eso es, empresas cuyo flujo de caja no alcanza a cubrir el servicio de deuda y necesariamente deben refinanciar sus pasivos para subsistir. Eso es, si se corta la cadena de crédito y en ausencia de medidas especiales, debieran quebrar, con todo lo que eso implica para el sistema financiero internacional y sus efectos sobre nuestra economía. 

La buena noticia es que la experiencia sugiere que las crisis financiaras bien manejadas -como esperamos suceda a nivel local e internacional con la corrección de valores financieros en curso- se superan en forma relativamente rápida. (Deutsche Bank, 18 de marzo 2020) y que esas medidas de política fiscal y monetaria apropiadas, no son esencialmente diferentes de aquellas que se requieren para contrarrestar los efectos de la mayoría de los otros shocks que nos aquejan. 

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