El Parlamento del 10%



Por Carlos Correa, ingeniero civil industrial. MBA

Para el primer proyecto de ley de retiro extraordinario de fondos de pensiones, el senador Lagos Weber propuso que quienes accedían a ese beneficio y tenían ingresos altos, debían pagar impuestos. La idea, lógica desde el punto de vista tributario, y en especial redistributivo, generó tal nivel de odiosidad contra el senador con brigadas digitales hostigándolo durante todo el día, que nadie más se atrevió a sostenerla. Probablemente al calor de los insultos contra el senador, varios notaron que había agua en la piscina para un daño mayor. Ahora se ha concretado con un segundo retiro de fondos, con más cercanía del calendario electoral, y, por tanto, con más fervor en aprobarla. Más allá de la discusión técnica entre quienes argumentan el alto costo que tiene dicha política en el largo plazo versus quienes plantean que se llegó a esa necesidad, la pregunta que vale es si con esto el Congreso se anotó un punto en reputación o sigue en una aprobación cercana al mismo porcentaje de retiro de las AFP.

Entre los líderes de opinión se propaga la idea de una especie de peruanización y predominio de una segunda división de la política en la actividad legislativa. Entre una larga lista de calificativos vale destacar el de “hijos de Milton Friedman” que le dedicó el periodista Daniel Matamala y el de “banda de opinólogos” que les regaló el economista Manuel Marfán. Ninguno de los dos puede ser catalogado como defensores del modelo actual.

¿Es tan grave el asunto y nos enfrentamos a una descomposición moral del Congreso? ¿Qué consecuencias tiene todo esto en la cargada agenda electoral que viene? Hay varios elementos coyunturales que matizan estos augurios apocalípticos. Chile tiene al Presidente más débil desde el año 1990, reconocido por el mismo Mandatario en una entrevista a El Mercurio. Esto tiene varias consecuencias, una de ellas es la poca capacidad del Ejecutivo de manejar la agenda legislativa. Dicho impedimento ha actuado como somnífero en la Segpres y por tanto ha desatado el festival de polillas en Valparaíso. Los más antiguos de dicho ministerio suelen decir que al Congreso hay que tenerlo entretenido con muchas ideas legislativas y así no se ponen tan creativos.

El estallido social generó una sensación de enojo contra toda la clase política. El alto apoyo a una convención 100% elegida ratificó la idea. La necesidad de varios de empatizar con la calle les hizo mirar con desdén los criterios técnicos, y con pasión las encuestas y los guiños en redes sociales. Lo primero mide pulsiones del momento, y lo segundo es una selección adversa de opiniones extremas, y por tanto ambos malas herramientas para formular políticas públicas, pero en el vacío de poder es el punto de apoyo de los parlamentarios.

También la Cámara de Diputados enfrenta una pronta fecha de vencimiento. En abril se elige la convención constitucional, y toda la atención estará allá. Poco después, en noviembre toca la elección parlamentaria, y hay varios en la Cámara Baja con interés en el Senado. Por ello, y a falta de proyectos del gobierno que hagan lucir al Congreso, se hace necesario brillar rápidamente. Las desprestigiadas AFP son una víctima ideal, y si además pegarles implica darles dinero en efectivo a las personas en época de crisis, es buen negocio por donde se le mire. Las consecuencias en el futuro no serán solo para las personas, sino para la propia actividad legislativa, pero la propia impredictibilidad de la agenda hace que se piense más en el día a día.

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