El retorno del fuego amigo

Manuel José Ossandón




Esta semana, el senador Ossandón, apelando a su vieja habilidad de sus cuñas que complican a la derecha, dijo que a este gobierno lo controlan Evópoli y Larroulet, a quienes se refirió como “gente súper dogmática”. Se ve como un pacto secreto entre dicho partido y el principal asesor del Segundo Piso para controlar los contenidos, como una especie de politburó. La imagen en sí, aunque cause sorna, muestra el grado de agresividad de cierto sector de Chile Vamos con la actual administración.

En una entrevista, la exministra de Educación de este gobierno criticó a personeros de derecha que salen rápidamente a comprarse las ideas de izquierda. Aprovechando el vuelo, le dio un golpe de riposta al Presidente, criticando su decisión de no ir al TC. Dos columnistas, ninguno de ellos que pueda ser considerado cercano a la oposición, plantean este domingo que el gobierno debiera tener un plan de emergencia consistente en encapsular al Presidente, que aparezca lo menos posible, y destacar a los ministros. El oficialista alcalde Rodolfo Carter propone como idea de emergencia que se permita utilizar el 10% de los fondos de AFP para ingresos de emergencia, y después de salir de su residencia sanitaria, el alcalde de Las Condes plantea que es una idea que debe estudiarse. En todos los tonos, diversos funcionarios de gobierno habían salido con rudeza a pegarle a la idea de tocar los fondos de pensiones. Pareciera entonces una administración divorciada de la clase media, y sus propias figuras tratando de evitar que se escapen.

Hay también voces críticas en la oposición, que proponen cogobierno o parlamentarismo de facto, pero es parte del juego político y al gobierno no debiera afectarlo en su estabilidad. Lo preocupante es el fuego amigo, y en especial la indisciplina de sus propios parlamentarios, en momentos en que la relación del Presidente con el Congreso pasa por el peor momento. Al parecer, el verano de San Juan que vivió el Presidente con la derecha, al iniciarse la pandemia, se está esfumando. Hay que recordar que después del estallido de octubre, las críticas más ácidas contra el gobierno vinieron desde su propio mundo. En su inicio partió con los agitadores ubicados en el extremo del espectro político, pero permeó también a sectores de la UDI y de otros partidos oficialistas. El inicio del estado de emergencia terminó con todos esos conatos de rebelión.

El efecto político debido al Covid-19, conocido como “rally around the flag”, hizo aumentar el apoyo al gobierno, en especial entre sus votantes. La foto del Mandatario en una solitaria Plaza Italia hizo aplaudir a rabiar a quienes repetían las diatribas de los neofascistas digitales. También a finales de abril el exitismo que transmitió el ministro de Salud de la época, que contagió al Presidente, hizo creer la ilusión de que se había acabado la pesadilla para el sector. La imagen de Lavín abriendo y cerrando el Apumanque es la manifestación de esa quimera.

La hora negra de la pandemia, que implicó la salida de Mañalich y un retroceso en el apoyo del Presidente, abre de nuevo el factor divisionista. Muchos en la derecha saben que el triunfo en las urnas se logra con los votantes bisagra, y estos quedaron asustados después del fracaso de la nueva normalidad. Así, el desencuentro con sus propias tropas, que terminó atrapando mal al gobierno en octubre, tiene riesgo de volver a repetirse, esta vez también como tragedia.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.