Opinión

Elecciones anticipadas en España


España volverá a las urnas a menos de dos años y medio de sus últimas elecciones. Como era de prever el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, comunicó el viernes pasado su decisión de convocar a comicios anticipados luego de que el Parlamento rechazara el proyecto de presupuesto presentado por La Moncloa con el voto en contra de los independentistas catalanes. Éstos habían sido claves en junio pasado para la llegada al poder del líder del PSOE tras apoyar una moción de censura contra el gobierno de Mariano Rajoy.
Sánchez, desde que asumiera sorpresivamente el gobierno a mediados del año pasado, insistió en su intención de llegar hasta el final de la actual legislatura que vencía en 2020, pese a los reclamos de diversos sectores para convocar a elecciones anticipadas, considerando que su gobierno carecía de la legitimidad que le da el respaldo de las urnas y respondía más bien a una confluencia puntual de intereses entre fuerzas políticas que evidentemente no compartían una visión común sobre el futuro de España. En ese sentido, la decisión inevitable del actual presidente del gobierno español es un paso positivo.

No obstante lo anterior, el hecho no solo vuelve a demostrar el inestable panorama político que atraviesa España tras el fin del tradicional bipartidismo que marcó a ese país en los primeros 30 años trascurridos desde el retorno a la democracia, sino ahonda la incertidumbre sobre lo que podría suceder en el futuro. Tras el fin de la anterior legislatura y las elecciones de diciembre de 2015 el país quedó virtualmente paralizado tras la fragmentación del sistema político -con la aparición de dos nuevas colectividades que aumentaron la división de las preferencias de la ciudadanía- y la imposibilidad de formar gobierno. Un bloqueo que obligó a una nueva convocatoria a elecciones en junio de 2016 que, como era de esperar, produjo un panorama muy similar al de los comicios previos. A partir de entonces, complejas negociaciones permitieron finalmente que el Partido Popular de Mariano Rajoy -con el apoyo de Ciudadanos y la abstención del PSOE- formara finalmente un frágil gobierno que duró solo hasta mediados del año pasado, cuando una moción de censura permitió la sorpresiva resurrección política de Sánchez.

El escenario que se vislumbra ahora no es muy distinto al de 2016. La fragmentación es incluso mayor considerando la irrupción de un nuevo actor en el panorama político español, Vox, que se ubica a la derecha del PP y que ha experimentado un explosivo crecimiento en el último año. Los sondeos adelantan que si bien el PSOE podría erigirse como la primera fuerza, estaría lejos de poder formar gobierno, pese a las promesas de Sánchez. Por ello, la primera opción la tendría una coalición entre el PP, Ciudadanos y Vox. No sería una alianza inédita, porque ya gobierna en Andalucía, pero la duda es si entre los tres lograrán un proyecto común para gobernar el país. Ante la presión independentista de Cataluña y los complejos desafíos que enfrenta España se requiere un gobierno sólido y estable. Una posibilidad que, hasta ahora, las elecciones de abril están lejos de asegurar.

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