Tito Flores Cáceres

Tito Flores Cáceres

Doctor en Gobierno y Adm. Pública, Director de Asuntos Nacionales e Internacionales, Universidad Tecnológica Metropolitana

Opinión

Empresas Tecnológicas: Who´s “BAADD”?


Treinta y un años después de su estreno, la vieja canción en cuyo videoclip aparecía un joven Michael Jackson, ataviado como pandillero, preguntando en su estribillo una y otra vez,  “Who´s bad?” (¿Quién es malo?), debiera ser actualizada. Y es que siguiendo lo planteado en un reciente artículo de portada del semanario británico The Economist, la pregunta de rigor hoy, en plena era de la información, sería la del título de esta columna: “Who´s BAADD?”

Porque, dice The Economist, si hasta hace no mucho tiempo, trabajar en uno de los gigantes tecnológicos occidentales: Google, Facebook o Amazon, era un lugar soñado, asociado a utilidades millonarias y al reconocimiento de que ellos estaban haciendo del mundo un lugar mejor, en el presente, estas mismas compañías, están siendo acusadas de ser BAADD. Se trata de un acrónimo y de un anglosajón juego de palabras al mismo tiempo, que hace alusión a los cuatro males principales que se le atribuyen a estas industrias: Que son grandes (Big), anticompetitivas (Anti-competitive), adictivas (Addictive) y destructivas para la democracia (Destructive to Democracy).

Especialmente sobre la última de ellas, es importante tener en cuenta los efectos nocivos provocados por la denominada “burbuja de filtros”, que no es otra cosa que la personalización absoluta, que a través de sus algoritmos de búsqueda, realizan las empresas tecnológicas, especialmente Facebook. Con aquel servicio “a la medida” para cada uno de sus usuarios, las empresas buscan ofrecer exclusivamente, aquello que a éstos les gusta, borrando de un plumazo las posibilidades de interactuar, aunque sea virtualmente, con personas que piensen diferente o de conocer la diversidad de alternativas que en torno a un tema pudiesen existir. Porque estas empresas, al buscar “evitarle el desagrado” que a sus usuarios pudiera provocarles el confrontar ideas alternativas a las propias, terminan haciendo que el pluralismo se convierta en pieza de museo y que la tolerancia, se transforme en una especie de “antediluviana” virtud pre-digital. En su texto, Eli Pariser resume todo esto de manera magistral, al decir que la red termina decidiendo por nosotros lo que leemos y más drásticamente aún, incluso lo que pensamos.

Así entonces, en una especie de mezcla grotesca del “Gran Hermano”, el “Mundo Feliz” y “Matrix”, estamos hoy inmersos en un sistema que, además de modelar nuestro pensamiento, vigila cada uno de nuestros movimientos en la red. Ninguno de nuestros clics pasa desapercibido. La información generada por cada uno de ellos, gracias a las dulces “cookies” que se instalan a cada momento en nuestro computador, es vendida al mejor postor. Con ella a disposición, sofisticados planes de marketing, terminan materializándose en aquellos “inofensivos” y “casuales” avisos publicitarios, que se nos aparecen en distintas secciones de los sitios que visitamos y que casi “por arte de magia”, nos ofrecen, precisamente, lo que andamos buscando.

Adelantándose a su época, Montesquieu señalaba que el impulso de crecer es tan fuerte en los diferentes organismos, que terminan sacrificando su propia existencia. Que de tanto querer engrandecerse, éstos ponen en riesgo su propia conservación y acaban destruidos. Considerando esta perspectiva y visto lo anteriormente expuesto, pareciera ser que los gigantes tecnológicos con su expansión, han abierto la puerta a su propia decadencia. Ellos ya no simbolizan el paraíso ni la utopía que alguna vez encarnaron. Por el contrario, hoy por hoy representan la opacidad y la manipulación.

Sabiendo ahora la respuesta a la pregunta inicial, necesitamos que se logre poner atajo a las malas prácticas de estas “BAADD companies”. Para ello, sin sacrificar la innovación, y entre otras medidas, se requiere del ejercicio de una mayor capacidad regulatoria por parte de la autoridad; de mayores volúmenes de transparencia acerca de sus formas de operar y del manejo que efectúan con información privada de sus usuarios; y especialmente, se necesita con urgencia, poner término a aquella “burbuja de filtros” que nos termina aislando unos de otros, afectando así, imperceptible pero a la vez irremediablemente, la cohesión social.

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