Entre apruebos y rechazos

Produccion Voto Indeci (7910386)




Por Mauro Salazar J. Observatorio en Comunicación, Crítica y Sociedad. Universidad de la Frontera

Bajo el fárrago de los últimos acontecimientos se mantiene un moderado realismo en los discursos del “gobierno transformador” en aras de un apruebo de la reforma. Más allá de los temas “parroquiales” referidos a la Institución Irina -monumentalización del feminismo- o el caso Ventanas, sigue en vilo un escenario en dispersión hacia septiembre. Ciertamente ello ha dado vuelo a la “enemización” -invocando algunos estudios de Carlos del Valle Rojas- y se ha instaurado, a juzgar por las encuestas, un entusiasmo por el Rechazo que va en alza y sugiere resultados estrechos.

Hoy es más necesario que nunca atender a la heterogeneidad discursiva de los “apruebos” y, admitir que tal dispersión, no es patrimonio de las izquierdas. Lo clave aquí es evitar la mirada monolítica, desmasificar las posiciones y evitar las descripciones homogéneas. Aparentemente, existe en el campo del Rechazo, menor polifonía de las subjetividades políticas. Y sin negar que un sector de la Concertación clásica, “Amarillos por Chile”, la vocación centrista, un segmento social de la DC, liberales, académicos con diversas trayectorias, independientes, conservadores de derecha y una importante publicidad en medios (Asimetría mediática) han dotado de competitividad al Rechazo para el “plebiscito de salida”. Dentro de esta multiplicidad de estratos se ha sedimentado una colosal estratificación de las posiciones políticas. En el caso del Apruebo las cosas se agudizan bastante más. En el progresismo o “fuerzas transformadoras”, existen discursos que invocan aspectos históricos por retornar a la cultura institucional de 1925, laicados y concertacionistas resurrectos que abogan por la legitimidad de origen de la nueva Carta Constitucional. Mientras, otros invocan el dogma de las izquierdas clásicas o contemporáneas, o bien, el voto histórico-milenario. De suyo, el PC padecerá las tensiones más intensas, so pena de una épica de las disciplinas. El FA, a no dudar, mantendrá un criterio razonable y un manual de intenso pragmatismo, que ha sido esgrimido por el ministro Jackson cuando asume la percepción -cuestión clave en política- de que el Rechazo puede imponerse, o bien, reducir sustancialmente la euforia del apruebismo. La ciudadanía que abrazó el 80% en el “plebiscito de entrada”, fue un voto parcialmente antipiñerista y ello ha perdido demografía y sintonía parcial con la nueva Constitución. Con todo, tal cambio de votación no debería migrar con la velocidad con que la industria de medios y los Think Tanks comprometen nuevos resultados. El gobierno del Presidente Boric Font, de un lado, abraza un proceso de renovación y gobernabilidad y, de otro, el PS-Apruebo representa un enigma cosmológico con su moderada pulsión transformadora y a la sazón el agente de un diseño modernizador que ayudó a construir junto a la DC (1990-2010), nuestra boutique de bienes y servicios. El mundo popular tiene capas difíciles de atravesar, una dispersión de antagonismos no vertebrados, y ello es una discusión en desarrollo.

Al paso también reverbera una izquierda soft y pragmática que toma distancias radicales de Caracas y Cuba. De suyo, en esta “lógica de la heterogeneidad” cabe consignar las mixturas del apruebo-transformador, de izquierdas no estatales, a saber, las multitudes deseantes de la revuelta fueron exorcizadas del texto constituyente y los límites del realismo gubernamental se impusieron. Sí bien puede ganar el Rechazo, eso no puede ser descartado a la luz de un tropel de encuestas, el quid es saber qué ocurre con los los apruebos después del 04 de septiembre si el gobierno se impone por un “margen periférico”, cuestión que goza de una significativa probabilidad. Ni que hablar en caso de derrota; el gobierno se queda sin legitimidad (proyecto) y el mapa político cambia radicalmente.

En este escenario abierto, quizá conviene reinterpretar un “factor geopolítico” como el síntoma de la nueva izquierda en América Latina, a saber, aquella que comienza a dar el adiós definitivo al Castro-Chavismo y su “ideologema bolivariano”. En suma, el Apruebo, al igual que el Rechazo entran en una lógica de dispersión que no necesariamente es un logró para un nuevo “pacto social”, o bien, una vocación de mayorías. Es la hora de desmasificar y evitar la mirada homogénea del caso chileno. Ciertamente, el Apruebo goza de mayores multiplicidades demandantes, y una épica más explícita que el campo del Rechazo.

La eventual ventaja estructural del gobierno de Boric Font encuentra su “legitimidad napoleónica” en una nueva Constitución como un clamado de la ciudadanía (la capa media popular) ante la acumulación de malestares y antagonismos (2006, 2011 y 2019) y el plebiscito de salida (80%) -consignando una lectura no monolítica-. En cambio, el Rechazo, la explosión del 20% y sus réditos, aún se mantienen en una aproximación más general y empieza a sedimentar posiciones desde algunos vacíos políticos, errores u obsecuencias, del campo de las izquierdas y las erratas del mismo desde un “tibio reformismo” y un origen de legitimidad que hasta los amarillos también admiten bajo otros intereses, y porque no, parte de la emergente derecha liberal.

Si bien abunda un tipo de populismo, el Apruebo puede apelar de modo más directo a la demografía que reclama derechos sociales (salud, educación o pensiones), y temas específicos (medioambiente o igualdad de género) o materias asociadas a alguna minoría. En septiembre próximo, puede ocurrir una esotérica hibridación entre Estado social de derecho y una segunda modernización. Dicho gráficamente, septiembre podría ser el mes del Apruebo, actualizando la Constitución a los nuevos tiempos, pero fácticamente, la configuración del poder podría perpetrar fuerzas parejas entre elites inflando un peligrosa sobreexpectativa en las multitudes que perseveran por el cambio (Apruebo) y que el gobierno actual sostendrá con dificultades.

Por fin, subrayar que el Apruebo, al igual que el NO (1988), ha sido provisoriamente aprobado por Washington (post Trump). Pero hay algo que no podemos dejar pasar. La administración Biden con el objetivo “travieso” de terminar con “lo Bolivariano” apoya la geopolítica regional que garantice el flujo de capital, abrazando una izquierda NO bolivariana, que articule gubernamentalidad y reformas, neutralizando el poderío chino como clivaje político, pero no así como aliado comercial. Hay un ligero símil con el caso de Petro en Colombia. Y aunque el Apruebo se debería imponer en el mes septiembre, en un sector de la propia izquierda hay consenso por despedir para siempre el experimento bolivariano. La política hemisférica de Biden dialoga con el nuevo progresismo y también celebra la despedida del chavismo.

Y ¿quién lo diría? En esta ocasión Washington y el FA hablan el mismo idioma.

¡Vaya astucia de la razón¡

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.

Apple presentará su nuevo smartphone en un gran evento que se espera se realice el 13 de septiembre, aunque algunos rumores señalan que podría ser antes. Sin embargo, como siempre, algunos rumores han dejado entrever cómo sería el nuevo celular de la compañía, y estos señalan que sería el más grande de su historia.