Escasez Hídrica: el valor de "hacer agua"

La megasequía en Chile cumplió diez años. Olas de calor, falta de precipitaciones y mal uso de las aguas son las principales causas.

Actualmente, Chile sufre una importante sequía.



Es tiempo de actuar. Tal como vimos en la reciente COP25, celebrada hace poco más de un mes en Madrid, la evidencia científica concluye innegablemente que estamos ante una emergencia climática y que los esfuerzos para enfrentarla, hasta el momento, se han demostrado insuficientes.

El cambio climático es vertiginoso y no se detiene. En Chile, este verano 2019-2020 marcará un récord como uno de los más calurosos desde que existen registros. Y, sin duda, uno de los efectos más preocupantes de las altas temperaturas es la escasez hídrica. Para la Región Metropolitana, esta es la década más seca en 200 años, con ríos como el Mapocho arrastrando un caudal de apenas 10% de su promedio histórico y el Maipo, en tanto, el 33%. Ya no hay tiempo. Si queremos asegurar el abastecimiento de cara al consumo humano, para el riego y los procesos industriales, debemos actuar ahora y abrirnos a nuevos paradigmas.

"Hacer agua" es una expresión que se usa para definir debilidad o síntomas de fracaso, pero en este caso "hacer agua" o más bien regenerarla surge como una de las soluciones para poder enfrentar la profunda escasez hídrica que nos afecta. Gracias a la inversión que el país ha hecho en materia de tratamiento de aguas, la población de Santiago cuenta con un nuevo y valioso recurso obtenido a partir de lo que antes era un desecho: el agua regenerada que se obtiene en nuestras biofactorías. Se trata de agua limpia que luego de distintos tratamientos resulta óptima para diferentes usos como el industrial, riego de parques y plazas e, incluso, para consumo humano.

Una iniciativa que ya se ha implementado en distintas ciudades de Europa y Singapur y en otras como California, donde el intenso estrés hídrico ha obligado a la permanente búsqueda de nuevas e innovadoras soluciones que permitan contar con una mayor disponibilidad de agua de cara a la población.

Este nuevo recurso permitiría a la ciudad de Santiago contar cada año con más de 600.000 millones de litros de agua que hoy no están disponibles en el ecosistema y, de esta manera, reducir la dependencia del escaso caudal que proviene de nuestros ríos.

Una decisión de esta naturaleza es el tipo de ambición ambiental que distintas organizaciones de la sociedad civil echaron de menos en los acuerdos alcanzados en la COP25. En ese foro, Chile estuvo a la vanguardia en sus compromisos para avanzar en la reducción de emisiones. En materia de gestión de la escasez hídrica, sin duda, tenemos una nueva y gran oportunidad para demostrar liderazgo y no "hacer agua".

Comenta

Imperdibles