¿Está funcionando o no la política?

La sede del Congreso Nacional, en Valparaíso.



SEÑOR DIRECTOR

Nunca se espera más de la política que en tiempos de catástrofe; sobre todo, de grandes epidemias. Éstas producen no solo rupturas en las rutinas fundamentales de la sociedad -libertades individuales, intercambios de todo tipo, organización del tiempo y el trabajo, intimidad- sino que amenazan directamente la vida. Al punto que la muerte se vuelve una obsesión como ocurrió con el arte y la literatura durante la peste negra en el siglo XIV y, ahora, en las pantallas de la TV y las redes sociales.

Frente a estas rupturas y a la danza macabra, las sociedades necesitan defenderse (por eso la imaginería del “estar en guerra”); instaurar nuevas formas de vida (reclusión y distanciamiento social), prevenir y curar, asegurar los mínimos vitales imprescindibles, guiar y coordinar la producción de bienes esenciales (alimentación y medicinas), recurrir a la ciencia y la técnica, restablecer el orden y la seguridad, reducir la incertidumbre y motivar a la población.

La política y sus agentes -Presidente y gobierno, Parlamento, partidos, autoridades locales, líderes de opinión y comunitarios, medios de comunicación- cobran en estas circunstancias la mayor jerarquía. De ellos depende la vida y la muerte. El Estado ocupa el centro de la escena. Si el centro no decide y ordena, las cosas se desarman y el sistema se desploma.

¿Está nuestra política a la altura del desafío?

A decir verdad, mirada en perspectiva comparada, hasta aquí la política mantiene la unidad de la nación, un estado de derecho y las funciones esenciales operando. El mando presidencial muestra el necesario liderazgo. La interacción gobierno-Congreso-partidos, a pesar de la feroz polarización post 18-O, ha mejorado y se ha vuelto más productiva. Las instituciones, en general, actúan normalmente. La sociedad ha respondido con bastante disciplina. En suma, hasta ahora la polis está a la altura de la catástrofe.

Sin duda, hay problemas; ¡cómo no! Discusiones parlamentarias inconducentes, dirigentes obstruccionistas, liderazgos negativos (como llamados a “paros online”), decisiones precipitadas, yerros comunicacionales, virulencia de las redes sociales, etc. Sin embargo, son desviaciones soportables dentro del juego democrático, juego que -para sorpresa de populistas y autoritarios- se ha mantenido también a la altura.

José Joaquín Brunner

Académico UDP y ex ministro de Estado

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