Fin de ciclo

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Foto: Reinaldo Ubilla



Después de varios años escribiendo en La Tercera, termino hoy este ciclo, con mucho cariño por el diario y especial agradecimiento a los lectores. Este es mi mensaje de despedida.

Ningún país progresa polarizándose como está ocurriendo de manera alarmante en Chile.

La izquierda hizo un mal gobierno con Bachelet, el país se detuvo, en muchos planos retrocedió, y el conglomerado se autodestruyó con una derrota electoral gigantesca. Ya antes, la misma Mandataria desmanteló la Concertación que sí había sido exitosa. El PC que se sumó esta vez al gobierno, nunca ha sido realmente democrático, ni se le conocen gobiernos democráticos en la historia, más bien al revés. Es básicamente una nueva forma de religión, con dogmas inamovibles, y que después de 100 años no convoca en Chile a más del 4% de la población. Siempre ha mantenido una relación ambigua con la violencia como método político.

El PS pasa por ciclos y si bien tiene segmentos similares al PC ha tenido una cierta renovación, pero hoy ya no se sabe a dónde va. El muro enterró a Marx y quedaron huérfanos de ideas. El PPD es un partido sin ideología clara, más bien oportunista, carente de futuro, pero sin duda democrático. El PR es sólo una comparsa, como un tango antiguo, y la DC trabaja afanosamente para ser como el PR y lo está logrando. El Frente Amplio es un conglomerado circunstancial sin mayor sustancia, caudillista, de figuras políticamente aún adolescentes, y sin una propuesta que no sea una crítica permanente a todo lo que se mueva. Fácil criticar, difícil construir. Tan perdida está la izquierda, que incluso quiere hacer leyes mordaza para definir miradas únicas de la historia, lo que es un serio atentado a la libertad democrática. Pinochet ya casi no es tema pero la izquierda hace todo lo posible por mantenerlo vigente, lo que tiene rendimientos marginales decrecientes y desde luego polariza.

La derecha, nuevamente en el poder, lo estaba haciendo muy bien pero finalmente no logra cohesionarse como corresponde y el gobierno, con una gestión que tiene mucho para mostrar en este breve plazo, nuevamente ofrece una elocuente falla política y comunicacional. Falta quilla. Peor aún, dentro de sus filas ya hay un debate por las candidaturas del 2021, que sólo seguirá dividiendo al sector, que parece no entender que el único norte es asegurar un segundo mandato. Para ello requiere un buen gobierno y sobre todo unidad, que va desde la UDI y J.A. Kast hasta Evópoli pasando por el PRI y muchos independientes. Piñera sigue sin entender aún su rol crítico e irremplazable en su coalición de partidos. Ha pasado ya el primer año y no se ven todavía iniciativas novedosas que no sean corregir los estropicios del gobierno anterior. Necesario, pero no suficiente.

Carabineros está devastado y castrado en su actuar público; ya no puede cumplir su misión de orden y seguridad. El Ejército dolido y la FACh también, pero por motivos diferentes. El contralor debió irse por dignidad y se rehúsa a hacerlo. TVN hace agua por los cuatro costados. ENAP tiene problemas. La Iglesia está dañada públicamente. El Poder Judicial está desprestigiado, y el Congreso aun peor, ahora con una bancada de designados sin respaldo popular. El sector público está lleno de operadores políticos del gobierno anterior que son inamovibles. La herencia de las cuentas fiscales, con el endeudamiento, tiene al gobierno muy limitado. Y los niños del Sename deberán esperar cuatro o cinco años para que los honorables se ocupen del tema, mientras cobran viáticos por ir a su lugar de trabajo.

La atomización política con decenas de partidos en un régimen presidencial, es otro error de la clase política. El binominal tenía sus problemas pero era mejor a lo actual, el Síndrome Transantiago.

La centroderecha debe formar una coalición tolerante ideológicamente, como fue la Concertación, y gobernar tres periodos seguidos para enrielar nuevamente al país al desarrollo. El responsable de lograrlo es Piñera.

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