Frente Amplio Comunista



Por Alfredo Jocelyn-Holt, historiador

¿Por qué la alianza entre el Frente Amplio y el Partido Comunista hace arquear cejas? Tratándose de fuerzas tan distintas y opuestas, no hay que pensarlo como un acuerdo. La necesidad genera acomodos y conveniencias extrañísimas, y no son tiempos estos para andar regodeándose. “Caminante cansado, subirá en asno si no encuentra caballo”. Por tanto, entendámoslo, este arreglo, de favorecer a alguien, es a estrategas con larga experiencia y disciplinados. Es que o si no, no se entiende que el PC pueda amistarse con lo que Lenin aborrecía, el infantilismo revolucionario, eso de creer que se puede ser más ultra que el PC.

En efecto, el FA se las da de Nueva Izquierda, con la particularidad que no impresiona a nadie, ni ellos mismos se hacen los cariños correspondientes. Revolución Democrática hace rato que no convoca a su militancia en elecciones internas (solo 795 afiliados votaron esta semana, 66% a favor de unirse con el PC, incluyendo su presidenta, ex-JJCC). Seis otros conglomerados han abandonado la coalición frenteamplista desde el 15-N. La maniobra huele a vampirismo. Teillier podrá haber puesto sus ojos en un burro que nadie apostaría que es caballo de Troya (para seguir con la imagen del refrán), pero lejos su máximo acierto es haber dado con víctimas tan propicias, suerte de secta FEUC-FECH que habla como Saint-Just. Si es como de Caperucita Roja este cuento. La “abuela” (recurrente figura) proporciona el anzuelo intergeneracional alternativo. Los “nietitos”, a su vez, se purgan psicológicamente del concertacionismo pequeño burgués y socialdemócrata, del “Padre saturnino” (el término es de Octavio Paz). Pueriles a más no poder, con mentalidad de recreo, en estado todavía larvas, jugando a ser piratas. Si a uno de ellos lo más táctico que se le ha ocurrido es ir a estudiar a Londres hasta alcanzar la mayoría de edad.

En cambio, a los comunistas nada les falta. Ni calle, ni mártires, además de pactos y complots con Hitler, frentes populares, el parlamentarismo criollo, Congreso Termal, radicales, la vía chilena (alternativa a Fidel). Stephen Spender, “compañero de ruta”, luego un renegado, refiriéndose a lo que se pretendía con los frentes populares en Francia y España lo diría con todas sus letras: “la fatalidad de los comunistas era que solo pensaban en formar frentes unidos con el fin de apoderarse de la fiscalización de los mismos desde dentro”, (también el voto de aliados debió agregar). Spender fantaseaba con estallidos tipo 1848, mientras que el estalinismo procuraba salir del aislacionismo y no tener que enfrentar solos a Alemania.

¿Y hoy día en qué andan? Fuera de evitar el infantilismo, a los comunistas les aterra el populismo. Es el partido más rancio que va quedando en Chile. Su vocación de nomenklatura los convierte en el colmo de elitistas.

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