"Funas" y deterioro del clima político

Roxana Miranda

Foto: Agenciauno



El clima político en el país ha venido experimentando un grave deterioro en los últimos años. Sin embargo, desde el estallido social del 18 de octubre pasado la situación ha alcanzado niveles aún más preocupantes, que dan cuenta de una creciente intolerancia hacia quienes opinan distinto o discrepan de la opinión de aquellos que buscan arrogarse una suerte de superioridad moral sobre el resto de los actores políticos del país. El terreno no solo legítimo, sino que necesario, que debe existir en toda sociedad para disentir y confrontar ideas -clave, además, para el buen funcionamiento de una democracia- parece cada vez más amenazado. Las advertencias a través de redes sociales, el amedrentamiento en los espacios públicos y distintos tipos de "funas" se han vuelto un mecanismo recurrente para desacreditar a quienes no comparten una misma visión, llegando a extremos como la amenaza directa a la integridad física.

La situación anterior, si bien no es nueva, mostró niveles preocupantes luego de la aprobación de la cuestión previa y el consiguiente rechazo a la acusación constitucional contra el Presidente Sebastián Piñera. No solo los diputados opositores que votaron por no perseverar por ese camino fueron víctimas de acusaciones de traición de sus propios colegas -algunos de los cuales llamaron incluso a publicar en redes sociales la lista con sus nombres en un claro intento por amedrentarlos-, sino que fueron objeto de amenazas de muerte y la excandidata presidencial Roxana Miranda llamó directamente a difundir sus domicilios para hacerles sentir "el repudio del pueblo". Situación a la que se suma lo sucedido esta semana durante la discusión en la Cámara Baja sobre la paridad de género para el proceso constituyente, donde algunos legisladores facilitaron incluso el ingreso a personas ajenas al debate en un claro intento por presionar e interferir.

Más allá de las eventuales responsabilidades penales que muchos de esos hechos pueden tener -en el caso de Roxana Miranda el diputado Gabriel Ascencio presentó un recurso ante la justicia para proteger la "libertad personal y seguridad individual" de los legisladores afectados-, lo cierto es que ese tipo de acciones dan cuenta de un cada vez más grave clima de intolerancia que coarta la necesaria libertad de todo debate político en una democracia. A través de ellas, sectores minoritarios de la sociedad intentan imponer sus ideas por la vía del temor y no del convencimiento, saltándose los mecanismos institucionales. Más grave aún es que ese clima de intransigencia y fanatismo se dé al interior del Congreso de la República, el foro político por excelencia de todo sistema democrático y que varios de los propios parlamentarios terminen avalándolo con su silencio o mostrando actitudes condescendientes.

En momentos en que, según una reciente encuesta, el 64% de los consultados está de acuerdo con las funas a los políticos, es responsabilidad de los propios legisladores y de la dirigencia política en general condenar ese tipo de acciones y defender el derecho que tiene todo ciudadano a disentir y expresar libremente sus ideas. De no hacerlo se terminará poniendo en riesgo el funcionamiento del propio sistema democrático.

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