Garantizar en la Constitución la ciencia y la tecnología

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Incluir la ciencia y la tecnología en la discusión constitucional y que posteriormente esto se plasme en nuestra Carta Fundamental es vital para avanzar en el desarrollo del país.

El Estado de Chile debe garantizar las actividades relacionadas a estas materias, considerando que estas han sido el motor de crecimiento de países emergentes y de aquellos que han alcanzado el desarrollo, donde se observa un mejoramiento en el bienestar social, en la equidad y en la democratización del conocimiento, aspectos fundamentales de la vida en sociedad.

La actual Carta solo se limita a decir que al Estado le corresponde estimular la investigación científica y tecnológica, lo cual es claramente insuficiente, por lo que debemos avanzar en esto de forma contundente. La Constitución debe establecer que el Estado reconoce el valor público de la ciencia, la tecnología, el conocimiento y sus aplicaciones en el desarrollo humano y tecnológico del país y en consecuencia garantizar los recursos suficientes para poder fomentar y desarrollar las investigaciones científicas, humanísticas y tecnológicas. El tema debe estar presente en las discusiones indistintamente del sistema de convención que se utilice para la elaboración de la nueva Carta Fundamental.

Si no lo consignamos como parte importante de la nueva carta de navegación, difícilmente podremos dar el salto al desarrollo que necesita Chile. Y es que la ciencia inunda prácticamente todas las áreas de la vida en comunidad - social, económica y política- y aporta sustancialmente al mejoramiento de ella. Si no somos capaces de innovar y mejorar nuestras actuales condiciones, quedaremos  en lo económico como un país que solo exporta materias primas o commodities, como ha sido hasta ahora; en lo social seguiremos con bajos índices de desarrollo humano y en lo político seguirán tomándose decisiones trascendentes con un bajo nivel de evidencias y conocimiento científicamente validado.

Espero que todo esto ocurra, considerando que poco a poco las autoridades han comenzado a comprender que estas actividades cumplen un rol fundamental, el Ministerio de Ciencias, Tecnología, Conocimiento e Innovación fue el primer paso, pero aún falta que eso se traduzca en una política científica, que esté articulada y sea persistente en el tiempo, generando las prioridades y diseñando estrategias y planes de acción con objetivos de mediano y largo plazo, y por supuesto con los recursos suficientes para que la productividad científica nacional contribuya al desarrollo humano y tecnológico que el país necesita.

Durante estos días he leído algunas Constituciones de diversos países europeos y latinoamericanos, y en la mayoría de ellas se incorpora la ciencia y la tecnología de manera importante, lo que posibilita un buen desarrollo de estas actividades en esos países. Si observamos en cifras esta información, los miembros de la OCDE destinan un porcentaje importante de su PIB a estas materias, bordeando en promedio el 2,6%, mientras Chile solo llega a un 0,38%, lo que da cuenta de la necesidad de valorar la Ciencia y la Tecnología desde la base –sociedad en su conjunto-, lo que podría impulsar y permitir que alcancemos valores del PIB que tienen otros países que han sabido potenciar decididamente a  la ciencia y la tecnología.

Un caso ejemplar es el de Singapur que en 2002 tenía un PIB similar al de Chile, pero que hoy es cuatro veces más alto que el nuestro y esto debido a que implementó una fuerte política para potenciar la ciencia y tecnología en los últimos 40 años. Ellos invierten hoy en estas áreas el 2,6% de su PIB y su expectativa es aumentarlo a un 3,5%, y esto porque han visto como se ha desarrollo el país gracias a esta política, que es un eje central de su desarrollo.

Esperemos que Chile avance también hacia este reconocimiento y a colocar también como eje de su crecimiento a la ciencia y la tecnología.

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