Grave desconocimiento a las reglas del juego

La propuesta de un grupo de diputados -liderados por el PC- para cambiar el quorum de la futura Convención Constitucional supone un grave desconocimiento de la voluntad ciudadana expresada en las urnas.



Un grupo de diputados de oposición -entre los cuales figuran cuatro del Partido Comunista, y dos del Partido Humanista- sorpresivamente han presentado un proyecto de reforma constitucional para alterar por completo las reglas que regirán la futura Convención Constitucional, las cuales quedaron establecidas en la Carta Fundamental luego de un amplio acuerdo político alcanzado hace poco más de un año, proceso que fue masivamente refrendado en el reciente plebiscito del 25 de octubre.

En lo sustantivo, en dicho acuerdo se estableció que la instancia constituyente aprobaría las normas y su reglamento de votación por un quorum de dos tercios, forzando con ello la búsqueda de amplios consensos, algo muy necesario considerando que se parte de una “hoja en blanco”. La ofensiva de este grupo de diputados busca en cambio que el reglamento se apruebe por simple mayoría, lo mismo que para efectos de determinar el quorum con que se aprobarán las futuras normas de la Constitución, dejando abierta la posibilidad para que también aplique aquí la regla del “50 +1”. De prosperar algo así, se desvanece gravemente la posibilidad de lograr un texto constitucional que refleje a una gran mayoría, quedando a merced de mayorías circunstanciales.

Detrás de esta moción hay desde luego un enorme oportunismo político, considerando que varios de estos parlamentarios pertenecen a partidos que no suscribieron el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución; entre ellos está el Partido Comunista, una de cuyas parlamentarias -Camila Vallejo- aparece ahora liderando esta ofensiva para cooptar a la Convención Constituyente, siguiendo en ello una lógica que rememora al chavismo, como acertadamente hizo ver el Presidente de la Democracia Cristiana.

Pero el hecho más grave es que a partir de este episodio se trasluce un desprecio por los procesos democráticos, en donde la voluntad reflejada en las urnas y el apego a los procedimientos ya establecidos en el Congreso son completamente relativizados, cuando no desconocidos, todo lo cual profundiza la desconfianza hacia las instituciones -en particular hacia el Congreso- y también hacia el valor que tiene el sufragio. Muchos de quienes votaron Apruebo lo hicieron sobre el convencimiento de que con la regla del quorum de dos tercios se asegura mejor un resultado de consenso, y por lo mismo un cambio sobre la marcha constituiría un atentado a la fe pública.

Es valorable que apenas conocida esta moción buena parte de los dirigentes de oposición así como del oficialismo salieran a rechazarla con fuerza. Pero es importante comprender que el solo hecho de haber hecho un planteamiento como el conocido implica que se han traspasado los límites. Por ello se requiere algo más que un rechazo a dicha moción. Es indispensable que todas las fuerzas democráticas forjen el compromiso ante la ciudadanía de que el proceso constituyente se regirá de principio a fin conforme las reglas establecidas, y que el Congreso de ninguna manera se prestará para maniobras que pongan en riesgo la intangibilidad de las reglas o para el desconocimiento de la voluntad popular. Sin esas definiciones claras, la posibilidad de que en el futuro vuelvan a surgir propuestas de esta naturaleza es inminente.

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