Hoja de ruta

crecimiento económico



Por Rolf Lüders, economista

En los próximos días se empezarán a sentir los efectos del Plan Económico de Emergencia. El objetivo es ir ahora en auxilio de las familias más afectadas por las consecuencias socioeconómicas de la actual pandemia y, tan pronto sea posible, reiniciar el crecimiento económico. Un requisito para que suceda lo último con fuerza es que se reduzca la incertidumbre, no solo aquella asociada al Covid-19, sino también aquella originada a partir del 18 de octubre del año pasado.

De acuerdo al último informe del Fondo Monetario Internacional, América Latina sufrirá este año una caída de su PIB de un 9,4 por ciento, significativamente más elevada que aquella de Chile, que según el Banco Central será de un 6,5 por ciento. Estos resultados solo vienen a confirmar las indesmentibles bondades de un sistema económico como el nuestro que, sin ser perfecto, en las malas, nos está haciendo sufrir menos que otros países de la región y, en las buenas, le ha permitido a Chile destacar en materia socioeconómica.

A pesar de lo anterior, hay un porcentaje relevante de la población que sigue siendo partidaria de realizar cambios bruscos en las instituciones socioeconómicas y políticas del país. Estos cambios inevitablemente afectarían los derechos de propiedad, siendo que su estricto respeto -como lo sugiere nuestra propia experiencia- es condición esencial para el desarrollo económico (O’Driscoll and Hoskins, 2003). 

Pues bien, es posible explicar este apoyo a cambios institucionales radicales a motivos ideológicos y/o a la existencia de un sentimiento de injusticia social. Sin embargo, ha probado ser muy difícil evaluar objetivamente -y mucho menos cuantificar- el aporte de cada uno de esos dos factores.

En cambio, se puede cuantificar el efecto que tienen las variaciones de algunas variables macroeconómicas sobre las posibilidades de que se produzca una alteración brusca en las reglas del juego (MacCulloch, 2000). En efecto, el citado economista, utilizando datos para países europeos y un modelo estándar de elección, cuantifica el impacto, muy significativo, que tienen el nivel del PIB per cápita y el índice de distribución del ingreso, sobre el apoyo popular a un cambio de reglas.

La conclusión de nuestro análisis es clara. Si deseamos retomar el camino hacia el desarrollo y evitar que se destruyan aquellas instituciones que tanto progreso nos han generado, tenemos que hacer el mayor esfuerzo para volver a crecer lo antes posible a tasas elevadas. Y eso pasa por acordar -antes de que superemos los efectos del Covid-19- la hoja de ruta económico-social que nos ha de guiar en los próximos tiempos. Por cierto, las políticas definidas deben estar -con igual celo y por motivos que la pandemia dejó en evidencia- orientadas a generar una sociedad efectivamente inclusiva.

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