Huele a peligro

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El estallido, el despertar, la revuelta o como se la quiera llamar abrió camino a un Chile mejor; con una Constitución legítima, un sistema político represtigiado y un nuevo Pacto Social. La vía para ello es el plebiscito previsto para el 26 de abril. Se necesita una alta participación que entregue un amplio respaldo a la nueva Constitución mediante una Convención enteramente elegida por la ciudadanía. Hasta ahora, el sentido común, avalado por las encuestas, indica que la opción apruebo debiera ganar en forma abrumadora y, quizás por un margen menor, también debiera hacerlo la opción por una Convención Ciudadana.

Sin embargo, este escenario se ha venido modificando durante las últimas semanas. Fuerzas poderosas se están moviendo para producir un resultado distinto. Por de pronto, en la derecha los cambios de posición son manifiestos. La cara acongojada de la senadora Van Rysselberghe en la foto del 15/11 ha dado paso a lo que se será una opción institucional de la UDI por el rechazo. Asimismo, en Renovación Nacional 8 de 9 senadores manifestaron públicamente su adhesión al rechazo confirmando, desgraciadamente, una historia de incoherencias y volteretas que se arrastra desde los inicios de la transición. Los argumentos esgrimidos para justificar esta decisión no resisten análisis. Durante el período anterior, frente a la demanda de nueva Constitución se afirmaba que era innecesaria porque el país no estaba en crisis. Y ahora que si lo está se arguye justamente su existencia para afirmar el rechazo a una nueva Constitución. La verdad es simple: sienten la Constitución actual como suya y no quieren cambiarla y recurren para ello a un recurso clásico: el miedo.

Al NO de la derecha se agrega el daño que objetivamente genera la reproducción de la violencia. Primero fueron los incendios a estaciones de Metro y los saqueos a supermercados. En el último tiempo, la quema de iglesias y el reciente boicot a la PSU. Uno quisiera que no fuera así pero las movilizaciones sociales tienen siempre un lado áspero. Las barricadas y la propia huelga, instrumento legal de presión, lo tienen. Pero no se pueden confundir con la violencia ciega y vandálica. Lo que ocurrió en días pasados con la PSU -prueba que no da para más y debe ser cambiada-,  es inadmisible. Nada podría ser más contraproducente que oponerse al anhelo de miles de estudiantes (y de sus familias) de acceder a la educación superior. Objetivamente estas acciones le hacen el juego a la derecha que apuesta a una baja participación en el plebiscito del 26 de abril. Por algo insistieron, y sorprendentemente la oposición aceptó, que éste se haga con voto voluntario a diferencia del plebiscito ratificatorio para el cual se establece el voto obligatorio.

La responsabilidad de las direcciones de las organizaciones políticas y sociales es enorme. Deben asegurar algo hoy día escaso: conducción. De aquí en adelante todo debiera concentrarse en un solo objetivo: ganar y ganar bien el plebiscito del 26 de abril.

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