Impacto del (re) ordenamiento demográfico



Por Teodoro Ribera, rector de la Universidad Autónoma de Chile; ex ministro de RR.EE.

La crisis sanitaria global (Covid-19) ha acelerado la caída de la tasa de natalidad en varios países, agudizando y apurando el envejecimiento poblacional como también las tendencias demográficas dispares dentro de nuestra región. Estos cambios también determinarán, a futuro, las relaciones de poder entre los estados y se convertirán en una variable de análisis necesario para la política exterior.

Si antes de la pandemia uno de cada nueve chilenos tenía más de 64 años y las proyecciones anunciaban uno de casi cuatro para el 2050, la caída de la tasa de natalidad en el 2020 -la más baja en 70 años- apresurará este proceso. Según Celade (2015) Chile se destaca por tener una tasa de fecundidad de 1,65, bajo la tasa de reemplazo (2,1), mientras que en Argentina es de 2,1, en Perú de 2,4 y en Bolivia de 2,8. En menos de treinta años, casi el 25% de la población chilena tendrá más de 65 años.

Un dato importante es que Chile está consumiendo antes de tiempo el bono demográfico en el que estaba inmerso y que le facilitaba un escenario de productividad favorable. La ventana de oportunidades que ofrecía el actual bono demográfico podría estar siendo alterada por los datos demográficos derivados de la crisis del Covid-19, precipitando un rápido incremento de la población de adultos mayores, que la inmigración, y su tendencia esencialmente circular, muy probablemente no alcanzan a compensar.

Algunos estudios prevén que los beneficios públicos anuales para las personas mayores (tanto de pensiones como de salud), como porcentaje del PIB, aumentarán entre 2010 y 2040 en 7,6 puntos porcentuales en China, en 7,4 puntos en Estados Unidos, en 7,3 puntos en Alemania, en 5,8 puntos en Japón, en 5,7 puntos en Francia, en 5 puntos en el Reino Unido y en 2,7 puntos porcentuales en Rusia.

Un fenómeno que también toca las puertas de Chile y que nos enfrentará en algunos años a un entorno fiscal ajustado y presionado por demandas propias de un país rumbo al envejecimiento. Un mayor contingente de adultos mayores (con más peso electoral), forzará naturalmente ofertas políticas que cubran sus propias necesidades -mejores pensiones o mejores prestaciones sociales-, en desmedro de otras que deberán ser postergadas, pudiendo tener efectos en áreas sensibles de la política exterior, o incluso despertar una pugnacidad entre generaciones en torno a la distribución y destino de las cargas tributarias.

Al albergar Chile una población más estancada que la de la mayoría de sus vecinos, así como una desigual distribución geográfica de su población -agudizada en sus zonas extremas-, los efectos del cambio demográfico podrían también alterar la relación del país con su entorno. Una presión mayor por los recursos hídricos compartidos con otros estados (tanto en el norte como en el sur) como el vaciamiento poblacional del altiplano y de Tierra del Fuego, son factores a considerar en el marco de una política internacional con una mirada más estratégica.

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