Opinión

“Un impuesto regresivo, no correctivo”


SEÑOR DIRECTOR
La carta publicada ayer por el señor Jottar, gerente general de CCU, contiene numerosas inexactitudes. En primer lugar, para que un impuesto sea efectivamente correctivo debe impulsar un incremento de precios por encima del crecimiento de los ingresos de los consumidores (la asequibilidad del bien debe disminuir). Entre mayo de 2014, justo antes del incremento del impuesto a los alcoholes, y mayo de 2015, cuando los precios se habían ajustado a tal aumento, el índice de precios de bebidas alcohólicas (compilado por el INE) y el de salarios, tuvo exactamente el mismo crecimiento. O sea que la asequibilidad se mantuvo.
En segundo lugar, el consumo de alcohol tiene severas consecuencias sobre la salud en Chile. Según el Institue for Health Metrics and Evaluation, en 2016 murieron 6.638 personas por consumo de alcohol en Chile y se perdieron 245.884 años de vida saludables. El consumo de alcohol es la primera causa de muerte en jóvenes.
No es difícil darse cuenta que las enfermedades causadas por el consumo de alcohol afectan más a las personas de menores recursos que tienen un peor (y relativamente más costoso) acceso al sistema de salud. Por esto, los impuestos al alcohol, señalados por la OMS como herramientas altamente costo-efectivas para disminuir estas consecuencias, son correctivos y progresivos (porque ahorran gastos futuros de salud a los más pobres).
Estos impuestos deberían tener un incremento todavía mayor además de ser rediseñados para que desincentiven el consumo de bebidas de mayor graduación alcohólica.

Guillermo Paraje
Profesor Titular Escuela de Negocios Universidad Adolfo Ibáñez

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