Ingobernabilidad

A diferencia del primer retiro, el proyecto aprobado ayer en la Cámara de Diputados establece que los recursos deberán ser traspasados a los afiliados en un solo pago.



Por Óscar Guillermo Garretón, economista

Vivimos una crisis política de dimensiones como no había conocido en mi vida. Cunde la sensación de vivir en un vacío de gobernabilidad. Poderes del Estado que no están dando respuesta satisfactoria a los intereses comunes de nuestra nación.

En los anales de la demagogia nacional, tendrá un lugar el día en que el Parlamento decidió engrupir a los chilenos permitiéndoles gastar sus ahorros para la vejez, mientras proclamaban querer mejores pensiones para todos. Luego del próximo recálculo anual, los jubilados descubrirán que su pensión se ha reducido entre un 20% y un 30%, cuando no a cero. Los aún activos, lo verán a futuro. Muchos dijeron al votar que era “una pésima solución”, pero igual la apoyaron. Fantasean con que algún gobierno futuro repondrá esto. Así las cosas, han hecho del déficit público un jolgorio y del endeudamiento de Chile algo que crece sin parar. Derechas e izquierdas demuestran una inesperada unanimidad programática: la disciplina fiscal importa un carajo y sus efectos en la reactivación de la economía son una mera preocupación personal del Presidente del Banco Central que no les va ni les viene. Ahora anuncian el no pago de patentes municipales, mañana pueden ser las patentes de vehículos y un tercer o cuarto 10%, destruyendo una de las principales fuentes de ahorro para la inversión de nuestra economía y vaciando al mismo tiempo las arcas públicas.

Tampoco tenemos mucho Poder Ejecutivo. La coalición de gobierno, con su voto, soltó la cuerda del salvavidas donde intentaba mantenerse a flote la Presidencia de la República. Le negó el tercio que resguardaba sus facultades constitucionales en gasto público. La verdad tampoco el Presidente ha contribuido mucho a dar gobernabilidad, pero no concentremos en él las culpas. La demolición de la Presidencia ha contado con el concurso de la derecha.

Y no se ve que alguien reaccione. Proliferan declaraciones absortas en “movidas” electorales y proclamaciones de candidatos presidenciales. Pero ese ruido hace más estridente sus silencios sobre lo que amenaza a las mayorías y la democracia: la crisis económica en que Chile se va hundiendo, la violencia que se ha hecho parte del paisaje, el disturbio institucional.

Quisiera ser optimista. Nuestra nación se probó madura y de convicción democrática optando por el camino institucional del plebiscito. Pero, ojo, las sociedades no toleran demasiado tiempo la ingobernabilidad. Su sobrevivencia depende de la solvencia de la política para garantizar futuros, enfrentar debacles económicas y violencias fuera de control. Viendo la foto de diputados festejando eufóricos su segundo 10%, además libre de impuestos, imaginé a Luis XV feliz en Versalles ironizando: “Después de mí el diluvio”. Y el diluvio llegó. La ingobernabilidad no dura eternamente. Muere por las buenas o las malas y siempre con apoyo ciudadano.

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