Jaime Guzmán y los comunistas




SEÑOR DIRECTOR

Jorge Jaraquemada, director ejecutivo de la Fundación Jaime Guzmán, en su carta publicada ayer afirma -contra lo que cree que pienso- que Guzmán no demonizaba a los comunistas y que su anticomunismo jamás lo llevó a justificar las violaciones a los derechos humanos. Sobre lo primero, discrepo citando al propio fundador de la UDI: “El mal de los marxistas es ejercido por quienes obran el mal por amor al mal, y no por simple debilidad. No se arrepentirán jamás porque forman la ‘descendencia del demonio’. Nunca comprenderemos del todo esta terrible verdad (…) el error diabólico del marxismo, con su intento de inutilizar la Redención de Cristo, ofreciendo la utopía de un paraíso temporal y político” (“Jaime Guzmán: Su legado humano y político”, Ercilla, 1991). Sobre lo segundo, estamos de acuerdo, y si lee mi último libro (“El precio de la noche: diálogo imaginario sobre la tiranía”), verá que hago un punto bastante más sutil, que tiene que ver con la tensión que enfrenta todo cristiano en política entre salvar el alma y salvar la ciudad -la cual se agudiza hasta el extremo en el contexto de un régimen autoritario- y el rol que puede jugar en dicho escenario la demonización del adversario.

Pablo Ortúzar Madrid

Investigador IES

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