Juego de sábanas



A poco menos de dos mesess de las próximas elecciones, sería un ejercicio interesante que una encuesta evaluara cuántas personas pueden nombrar uno o dos candidatos a la convención constitucional en sus respectivos distritos. Y cuántos logran mencionar siquiera uno de los candidatos a alcalde, gobernador y concejal en su región y comuna.

En rigor, todos quienes concurran a las urnas en abril recibirán unas enormes “sábanas”, llenas de nombres y siglas, teniendo que escoger sólo uno. En el escenario de una pandemia que se prolonga a pesar de la exitosa y veloz vacunación, en medio de una crisis política, social y económica sin precedentes desde el retorno a la democracia, el grado de dispersión exhibido por las fuerzas opositoras ha dejado a los eventuales electores en un limbo. Papeletas con decenas de opciones, nombres, pactos y referentes que, con seguridad, a la inmensa mayoría de la gente le dicen muy poco.

Sostener que, dado este contexto, las próximas serán unade las elecciones más desinformadas de la historia reciente, parece un total contrasentido. Pero basta solo constatar el tiempo de franja electoral que los parlamentarios entregaron a las candidaturas independientes a la convención constitucional, para dar cuenta de la envergadura del fenómeno: a las sábanas interminables llenas de nombres, a cuatro elecciones simultáneas, con escasa o nula información sobre lo que representa cada opción, se agrega un universo opositor convertido en un indescifrable laberinto.

Resulta políticamente incorrecto siquiera insinuar que un porcentaje relevante de los electores irá a votar a ciegas. Suena clasista, racista, machista y, con seguridad, también patriarcal. Pero una cosa es concurrir a un plebiscito a escoger entre el apruebo o el rechazo, es decir, entre dos opciones omnicomprensivas y fácilmente antagónicas, y otra muy distinta es tener que sumergirse en un abismal océano de nombres, siglas, pactos y cargos distintos. Pero no hay alternativa; al final del día, lo único que cabrá esperar es que la ley de los grandes números logre dar cuenta de ciertas tendencias, mínimamente interpretables.

Es cierto que, sin importar cómo se enfrente cada ciudadano al juego de sábanas que recibirá si decide ir a votar, el alcance de estos resultados electorales será muy relevante para el futuro del país. Por fortuna o desgracia, a la hora de evaluar el impacto de una elección nadie puede alegar ignorancia o descuido al momento de emitir el sufragio. Los efectos políticos del resultado son siempre independientes de la forma en que los electores han asumido el ejercicio democrático, sin importar que la papeleta pareciera una página sacada de una antigua guía telefónica.

A la larga, los países están obligados a hacerse responsables de las implicancias de sus decisiones. Nunca pueden escapar de ellas; no importa que esas sábanas sirvan para consumar sueños, o para cubrir muertos.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.