La caja de Pandora



Por Gabriel Zaliasnik, profesor de Derecho Penal, Fac. de Derecho U. de Chile

La contingencia aconseja revisitar esta historia mitológica griega. Pandora es el nombre que Zeus dio a la primera mujer cuando la creó y curiosamente significa “la que lo da todo”. Zeus le obsequió una caja con la instrucción de no abrirla pero ella cedió a la curiosidad liberando sobre el mundo muchos de los males que conocemos. Cuando Pandora finalmente cerró la caja, solo una cosa quedó adentro, la esperanza.

La analogía es inevitable. ¿En qué momento Chile abrió su caja de Pandora? Claramente mucho antes de la sincronizada violencia de octubre de 2019. Se hizo de a poco, y su contenido se derramó ante la indiferencia ciudadana. Tal vez comenzó con la satanización del lucro o con la implementación de una errada modificación al sistema electoral. Luego se articularon fuerzas políticas con objetivos desestabilizadores e incluso golpistas, al llamar a la renuncia del Presidente de la República y oponerse al proceso constituyente acordado. Para derrumbar los cimientos institucionales se desplegó una guerrilla judicial contra Carabineros y las autoridades. Afortunadamente la encuesta CEP reveló que pese a ello la confianza de la ciudadanía en Carabineros (30%) triplica a la del Ministerio Público (11%).

Igualmente se desataron los vientos populistas de la mano de nuestra propia Pandora que construyó una plataforma política combinando farándula con una forma moderna de cohecho electoral. Ello, al impulsar con desenfado el retiro de los fondos de pensión administrados por las AFP y que por mandato constitucional solo pueden destinarse a ese propósito, como lo señaló el Tribunal Constitucional en diciembre pasado.

La esperanza de Chile, un país que avanzaba de forma singular en medio de la mediocridad latinoamericana, quedó atrapada en esa caja de Pandora. La política agoniza, y de la mano de ella, nuestras instituciones y el estado de derecho. Ya no se trata solo de contiendas de competencias constitucionales, se disputa derechamente la viabilidad de Chile como país, su modelo de desarrollo futuro y las posibilidades de progreso para nuestro pueblo. Se erosionó la institucionalidad y también la capacidad económica forjada junto con la recuperación de la democracia que permitió desplegar un exitoso proceso de vacunación y manejo de pandemia con planes de auxilio económico de una magnitud y extensión únicos en la región. La embriaguez de esta fiesta populista y la cobardía de los liderazgos llamados a enfrentarla causan desazón. Por lo mismo, las elecciones de constituyentes son una última oportunidad para actuar con responsabilidad.

Hannah Arendt ya advertía el peligro implícito en el debilitamiento de la esfera pública y la desvalorización de la participación política, al crear condiciones pre totalitarias. Si no nos hacemos cargo, nada detendrá a Pandora y ésta se llevará consigo nuestra cautiva esperanza.

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