La cara de Piñera

Honores al Presidente de la Republica

23 de diciembre del 2019/SANTIAGO El presidente de la Republica, Sebastian Piñera, recibe los honores de la Guardia de Palacio, al llegar a la Moneda. FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO



Disponemos de más de setenta autorretratos de Rembrandt a lo largo de cuatro décadas. Ese era un gran maestro de cómo quería que se le recordara. Ni que se tratara de una máscara. Típico suyo, jugar al gato con el ratón (sigo a Simon Schama). En uno de sus cuadros, se ubica debajo de una sombra y produce el efecto "ahora me ves, ahora no me ves". En cambio, a cuatro meses desde que se nos vino lo que sabemos, vean ustedes, el rostro de Piñera impacta, sí, pero corre por cuenta propia, fuera de control, remitiéndonos al orden de cosas que le ocurren a las almas en pena, o peor, como en el retrato de Dorian Gray.

Se le ve desgastado. Cabizbajo, encorvado, apenas asomándose detrás de la puerta cuando sale a decir el mismo discurso preparado y desabrido (los speechwriters son los de siempre). Tieso, ojeroso, arrugado, la mirada perdida. Si antes alguien lo calificó de "un grande", tendrá que admitir que se ve disminuido. Muy lejos del Piñera piloteando su helicóptero, el de una locomotora a todo dar sin frenos, bailando con sus "amigos" de la patrulla juvenil, o haciéndose el chistoso hasta en la "Oval Office" sin que le resulte. Ni siquiera con tics y muecas. Una "estatua de cera, derritiéndose", o como queriendo decir "sáquenme de aquí rápido", según me comentara un amigo agudo.

¿Será este Piñera el verdadero, o el que ha ido quedando a modo de recuerdo de tanto esfuerzo inútil? Sigue generando cero empatías: en eso no cambia. No le nace a uno decir "pobre Piñera" y menos si es cierto lo que se dice, que le preocupan sus platas, que si sale del país le pase lo de Pinochet, o que a su alma se la destine al círculo del Infierno reservado a cómplices más que pasivos. El deterioro es mayor al normal entre líderes que dejan el poder (hay estudios de Harvard, su alma mater, al respecto). ¿Es que cualquiera en su situación estaría igual o peor? No lo creo, no todos son winners. "No desgasta el poder; lo que desgasta es no tenerlo": la frase célebre de Andreotti lo retrata.

La historia nunca le ha importado un cuesco, me consta. El ensimismamiento que uno nota en las fotos parece indicar que un proceso entre él y él, aún sin resolver, lo estaría atormentando. Que de ésta no salta a ninguna otra preeminencia más, probablemente lo sabe; nadie, además, le ofrece una salida rápida de escena. Tampoco es que estemos ante una marca desgastada que se pueda cambiar. Si pareciera que, por vez primera, se ha percatado de que no está a la altura de sus ilimitadas ambiciones y energías, y no valió la pena terminar así. Si es del caso, terrible.

La ambición solo sirve para llegar donde se quiere llegar, pero no asegura para nada que pueda uno mantenerse en pie y con dignidad una vez allí. Moraleja: en un régimen parlamentario, Piñera estaría con otra cara y sanseacabó con él.

Comenta

Los comentarios en esta sección son exclusivos para suscriptores. Suscríbase aquí.