La clase media y la pandemia



Por Luis Larraín, presidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo

La caída de la actividad económica por las restricciones sanitarias se está dejando ver. El Imacec de mayo disminuyó en 15,3% y eso significa que la menor producción está afectando los ingresos de un grupo importante de chilenos. La televisión, que siempre encabeza el clamor para que se gaste el dinero de otros en ayudar a quien tiene algún problema, ya está en campaña. Hay que ayudar a la clase media. Los parlamentarios, a quienes también les seduce gastar la plata de otros, aunque a veces la institucionalidad no se los permita, se han sumado al coro y proponen todo tipo de medidas. ¿Pero, qué es la clase media?

Un estudio de Libertad y Desarrollo, utilizando metodologías del Banco Mundial, llega a calcular que en Chile la clase media representa al 65,4% de la población. No hay que ser muy perspicaz para entender que, en ese grupo, hay gente de muy distinta condición; algunos cerca de la pobreza y conviviendo con la vulnerabilidad y otros que miran, aspiracionalmente, hacia el 30% más rico del país. Esto nos indica que al hablar de políticas públicas para ayudar a la clase media hay que hacer distinciones. Primero, porque el dinero para ayudar a la clase media no lo genera el Estado, sino las personas, y entre ellas, muchas de clase media, de modo que sería ineficiente traspasar plata de un bolsillo a otro. Pero más importante que eso es el hecho que el estado de necesidad de unos y otros en la clase media es radicalmente distinto.

La última encuesta Cadem nos entrega información interesante. Consultados acerca de si han tenido, por efectos de la pandemia, disminuciones de ingresos de magnitud importante, los chilenos en un 68% contestan que sí y en un 32% señalan que no. Aquí hay un dato que permitiría afirmar que, en general, la ayuda económica debiera dejar afuera al menos al 30% de la población.

Un ejemplo es el del posnatal de emergencia. Parlamentarios, sin tener atribuciones, presentaron un proyecto que gasta un 33% de los recursos en el 25% más rico del país. Solo el 10% de lo gastado favorecería al 25% más pobre del país. El gobierno, en cambio, presenta un proyecto de protección a padres que está focalizado y por lo tanto gastaría solo el 15% del dinero en el 25% más rico. El segundo quintil, que es parte del 40% más pobre del país, recibiría un 25% del dinero gastado. No hay donde perderse.

Este criterio de ayudar solo a parte de la clase media, no conecta con el “sentido común” de profesionales a los que nuestras familias nos atribuían pertenecer a la clase media. Eso tiene otros valores a destacar, como la austeridad, pero confunde a muchos; entre ellos, a periodistas y para qué decir a parlamentarios, que se creen de clase media. Quienes podemos prescindir de la ayuda del Estado no debiéramos estar clamando por ella y dejarla para quienes más la necesitan.

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