La columna de Nicolás Brancoli: ¿Chile país plataforma? ¿Adiós definitivo?

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"La reforma presentada limita de manera considerable la utilización en Chile de créditos por impuestos pagados en el extranjero, por lo que la doble o triple tributación que se buscaba evitar se volvería una realidad habitual. En otras palabras, la utilización de Chile como holding restringiría de forma considerable los flujos disponibles a los accionistas extranjeros, lo que descartaría de plano al país como alternativa."



Una decisión importante para inversionistas extranjeros que buscan invertir en Latinoamérica es dónde establecer el vehículo holding; es decir, desde qué país realizar las inversiones en el resto de la región.

El país elegido debiera permitir que los flujos de dividendos no se vean materialmente reducidos por el hecho de pasar por dicho holding, de lo contrario aquella jurisdicción con toda probabilidad no sea una alternativa. Muchos países OCDE han entendido este punto y por lo mismo buscado fórmulas para evitar la doble tributación.

Ya en el año 2003, bajo la administración del entonces presidente Ricardo Lagos, el director del SII de la época señalaba: “Si la inversión internacional soporta una elevada carga tributaria por concepto de una doble o triple tributación, esto implica que la rentabilidad de aquella se ve ‘castigada’ y la hace inviable”.

El contexto de dicha frase fue en el marco de una iniciativa público-privada denominada “Chile, País Plataforma”, cuyo objetivo, a través de una campaña internacional, fue posicionar a nuestra nación como sede para que las inversiones extranjeras pudieran expandirse desde acá al resto de la región.

Ha pasado un tiempo desde dicha iniciativa, y aunque podamos tener distintas visiones sobre su efectividad, lo cierto es que Chile a lo largo de estos años fue desarrollando un sistema de tributación internacional que ha permitido que algunas compañías evalúen utilizar el país como vehículo de inversión o holding para invertir en Latinoamérica.

Si bien aún persisten ciertas ineficiencias en base a nuestro sistema tributario, otros factores hacían de Chile de todas formas una alternativa interesante. Entre otras, nuestra amplia red de convenios para evitar la doble tributación con Latinoamérica, nuestro sólido sistema financiero, profundidad del mercado de capitales, economía y moneda estable, inflación controlada, capital humano, flexibilidad cambiaria, etc.

Si bien los más optimistas esperamos que estas cualidades nacionales no se derrumben en los próximos años, lo cierto es que el actual gobierno a través del proyecto de reforma tributaria estaría eliminando cualquier posibilidad de ofrecer a Chile como plataforma de inversiones.

La reforma presentada limita de manera considerable la utilización en Chile de créditos por impuestos pagados en el extranjero, por lo que la doble o triple tributación que se buscaba evitar se volvería una realidad habitual. En otras palabras, la utilización de Chile como holding restringiría de forma considerable los flujos disponibles a los accionistas extranjeros, lo que descartaría de plano al país como alternativa.

Durante este año, el convenio de doble tributación entre Chile y EE.UU. - firmado hace más de diez años, pero aún no vigente - ha tenido una evolución interesante, lo que haría pensar que por fin podría ver la luz. EE.UU. casi no tiene convenios de esta naturaleza con Latinoamérica, lo que nos dejaría en un lugar inmejorable para posicionarnos como holding para multinacionales norteamericanas con intereses en la región. No obstante, de aprobarse tal cual está la reforma en temas de tributación internacional, probablemente no seremos una opción real.

Por su parte, otra modificación que trae consigo la reforma es la eliminación de la posibilidad de acreditar los impuestos chilenos. Si, por ejemplo, una start-up de origen chileno levanta capital en el extranjero y para dichos efectos debe establecer un holding en otra jurisdicción para captar inversionistas, los dividendos que se distribuyan desde Chile y que pasen por el país holding, con la reforma podría tributar con un 43,1% a la salida de los flujos desde Chile y hasta un 43% con su entrada nuevamente a nuestro país. Básicamente, el fisco chileno se llevaría el dividendo más jugoso de nuestros queridos unicornios y sería el accionista clave en su IPO en el Nasdaq.

Esperamos que este tema sea parte de la curiosa estrategia de “tejo pasado” del proyecto de reforma, y se pueda buscar la forma en que Chile sea competitivo como “país plataforma”, como han empujado varias administraciones anteriores de los más diversos colores políticos.

Muchos de nuestros líderes del actual gobierno han declarado abiertamente que pretenden imitar políticas públicas del Reino Unido, como, por ejemplo, su plan de salud pública. Sería ideal que puedan sopesar también que ese país exime por completo de tributación rentas provenientes del extranjero, por lo que es un mercado competitivo y, por lo mismo, común como holding de inversiones. Básicamente entendieron que derechos sociales y medidas pro-inversión no son excluyentes, sino más bien un complemento necesario.

* El autor es socio de impuestos de EY.

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