La complejidad de la democracia

(AP Photo/Esteban Felix)



SEÑOR DIRECTOR

La democracia se ha vuelto compleja y la política ha caído en la simplificación, dijo el año pasado el filósofo español Daniel Innerarity; la política quedó desfasada y no tiene el nivel de complejidad adecuado a la sociedad que tiene que gestionar. No puede ser más lúcido este diagnóstico para Chile. Los últimos 30 años representaron un periodo signado por una democracia representativa y plural con alternancia en el poder, mercados libres con progreso económico y creciente bienestar social, democratización de las comunicaciones mediante redes sociales interconectadas, y un “ethos” normativo anclado en instituciones respetadas y escuchadas. Todo ello al alero de una Constitución que fijaba la ruta de lo posible, con límites al poder estatal y respeto a las libertades individuales. Algo así como un país que parecía encaminarse al fin de su historia en una suerte de evolución lineal hacia un país desarrollado.

Por eso, que una izquierda radical no democrática y anti mercados libres pueda acceder al poder, revela que algo pasó. ¿Fue un espejismo el mentado desarrollo? Para nada. El progreso fue real, pero el mundo cambió. Desde luego, la política no se adecuó a los tiempos, activando la sensación de malestar y rabia. El desprestigio de los partidos con cúpulas obsesionadas por el poder, erosionó la confianza ciudadana en este tipo de representación popular y, de otro lado, la economía se detuvo y la política no generó las redes de protección social para que el progreso de las capas medias no se esfumara, quedando la sensación de desamparo. Y lo segundo, una acción concertada para destruir la democracia liberal. Citando otra vez a Innerarity, si bien la democracia es soberanía popular, esta última, para que no actúe irreflexivamente, sea más deliberativa y produzca mejores resultados, tiene que estar bien organizada y auto imponerse límites. Los primeros pasos de la Convención Constituyente que se ha erigido como representante de la soberanía popular, que ciertamente no tiene, con desprecio por los límites sobre sus facultades, abre una interrogante sobre cuál será su destino final. Un primer capítulo de este libro abierto han sido estas dos semanas desde su debut y otro se escribirá este domingo.

Carlos Williamson

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