La crisis del gobierno



Por Paula Walker, profesora Escuela de Periodismo Usach

Se cae una ficha y la otra y la otra y la otra… Efecto dominó. Esa debe ser la sensación que en La Moneda están viviendo los integrantes del gobierno del Presidente Piñera. Desde el estallido social de octubre de 2019, Chile inició un cambio que no tiene vuelta y que se apareció frente a sus ojos como un país desconocido, con personas disponibles a protestar en todas las regiones porque solo les tocaba el pedacito chico de la torta, mientras todo el resto se la repartían los de siempre.

Varias imágenes reflejan el problema que ha tenido el gobierno para analizar el país que les tocó gobernar: para el Presidente Piñera éramos primero un “oasis” en América Latina, y luego un país en guerra. Mucho antes, en 2018 en Icare, el entonces ministro del Interior, Andrés Chadwick, le explicó a los empresarios las cuatro prioridades que tenían: infancia, crecimiento y productividad, salud y seguridad ciudadana. Y también les dijo que ellos se oponían a una nueva Constitución: “No queremos que avance el proyecto de una nueva Constitución que presentó la expresidenta Michelle Bachelet. Este gobierno está profundamente comprometido con la estabilidad…”, decía entonces. ¿Se imaginan lo que debe ser para el gobierno descubrir que el 80% de las personas que votaron el 25 de octubre sí quieren lo que ellos no querían?

La defensa al sistema de previsión por parte de la derecha ha sido constante desde sus inicios. El hermano del Presidente diseñó las AFP y llevamos 40 años cotizando en un sistema que entrega pensiones insuficientes para tener una vejez digna, pensiones que prometen más bien una vida de miseria y seguir trabajando para que la plata alcance. Tanto se opusieron a los cambios, tanto protegieron el negocio, que al final sus propios parlamentarios votaron que sí al segundo retiro del 10% de las cotizaciones de los trabajadores. Prometieron que se iba a caer el sistema si la gente retiraba su 10%, y la economía se reactivó. Dijeron que solo se retiraría una vez, y se acaba de aprobar en la Cámara el segundo retiro con 48 votos de diputados/as de su propia coalición.

El proyecto político con el cual habían llegado por segunda vez a ser gobierno, se desdibujó a partir de octubre de 2019 y desde entonces el trabajo ha sido sostener el andamio para que no se caiga.

En las familias chilenas existe una conversación que se ha ido reiterando estos últimos meses, una conversación épica porque junta las experiencias de las personas mayores de 50 años para el triunfo del No en el 88, con la de sus hijos e hijas que votaron en masa para tener una nueva Constitución. La conversación no es sobre guerra ni violencia, sino sobre la esperanza de cambiar las cosas para mejor.

¿En qué país vivimos? Esa debe ser la pregunta que se hacen una y otra vez en La Moneda para entender la crisis que viven.

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