Ernesto Águila

Ernesto Águila

Analista político

Opinión

La derecha en la encrucijada

Bolsonaro

Si algún espectro recorre este tiempo pareciera ser la profunda fractura entre política y sociedad. Las viejas estructuras representativas -partidos, sistemas de partidos, parlamento- no parecen responder en tiempo y forma a las nuevas inseguridades y precariedades sociales. El vacío parece leerlo mejor la extrema derecha. Ahí está Trump en Estados Unidos y el avance de la ultraderecha en Europa. Ahora es el turno de América Latina con el arrasador triunfo en primera vuelta de Jair Bolsonaro.
Las condiciones sociales y políticas de nuestro país no son muy distintas y todos los ingredientes del explosivo cóctel están presentes: un sistema democrático representativo en crisis (la mitad de los ciudadanos no vota, partidos deslegitimados); fuerte inmigración con las dificultades y prejuicios asociados; cooptación de la religiosidad popular por parte de movimientos evangélicos que combinan una “teología de la prosperidad” pro mercado con un fuerte conservadurismo moral; casos de corrupción en la elite política; negacionismo o relativización de las violaciones a los derechos humanos; demanda por mayor seguridad pública.

Estos factores se encuentran todavía, en el caso de nuestro país, en minoría política y cultural, pero en un nivel de desarrollo suficiente como para pensar que constituyen señales de un derrotero político posible. Ello interpela a todos los actores políticos pero de manera especial coloca a la derecha chilena frente a una encrucijada histórica.

En la mayoría de los países europeos la derecha ha separado aguas de la extrema derecha. Ha entendido que lo que está en juego son valores democráticos y mínimos civilizatorios, y que el proyecto de la extrema derecha o el neofascismo no es parte de ese acuerdo básico. Está por verse si la derecha chilena realizará o no esta separación de aguas; si su núcleo más liberal y democrático será condescendiente con este fenómeno o bien lo confrontará.

Las primeras reacciones no son alentadoras. El Presidente Piñera valoró el programa económico neoliberal de Bolsonaro, relativizando con ello los aspectos autoritarios y anti derechos humanos de su discurso y programa (estamos hablando de alguien que ha defendido la tortura). Se vuelve así a la primacía de lo económico sobre el ethos democrático, lo que nos retrotrae al maridaje entre dictadura y políticas económicas ultraliberales. Luego vinieron rectificaciones y matices a esta primera reacción, pero el apoyo a Bolsonaro ha sido explícito de parte de parlamentarios de Renovación Nacional y de otros dirigentes e intelectuales del sector.

El caldo de cultivo que se ha creado para el avance de la extrema derecha implica preguntas y desafíos a todo el espectro político pero a la derecha chilena, en particular, le plantea una reflexión y una toma de posición de rango histórico que puede afectar el futuro democrático del país.

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