La esperanza



Por Sergio Muñoz Riveros, analista político

Aunque tiene algo de ensoñación, es comprensible que cada 31 de diciembre sea tan intenso el deseo de que llegue un tiempo venturoso, o por lo menos, mejor que el que se fue. Es la expresión del impulso vital que nos anima. Necesitamos dejar atrás las zozobras, la incertidumbre y las penas personales. Sentimos que, por grandes que sean los obstáculos, debemos acopiar fuerzas para seguir adelante.

Con todo, estamos obligados a pisar tierra firme y a reconocer que, para que las cosas mejoren, tenemos que poner de nuestra parte. Los problemas colectivos, que son muchos, tenemos que enfrentarlos colectivamente, y ello supone apostar por la cooperación. La sociedad abierta apela a la capacidad de los ciudadanos para generar un consenso de civilización, sin lo cual la convivencia en libertad se torna inviable: la violencia es inadmisible como método político en condiciones democráticas, y no entenderlo puede ser trágico. Quienes están convencidos de que la acción directa les permite ganar mayores posiciones de poder, en los hechos juegan con cartas marcadas, hacen trampa, pues revelan estar dispuestos a utilizar medios que los demás no utilizan. Ningún partido inscrito legalmente puede mantener una actitud de ambigüedad al respecto.

Este año estará marcado por las múltiples elecciones que habrá entre abril y noviembre. Hay que poner buena voluntad para que la competencia se desarrolle en un clima de respeto, que refuerce el civismo y aliente la participación. Somos una nación, no hay que olvidarlo, y de todos nosotros depende la solución de sus carencias. Tenemos que mejorar lo que tenemos, lo cual implica no contemporizar con el comportamiento adolescente en la política y, por lo tanto, precisar lo que queremos cambiar y lo que preferimos conservar, sin dejar dudas acerca de la forma en que queremos conseguirlo. Son legítimas las diferencias dentro del régimen de libertades, pero las reyertas ciegas no le sirven a nadie. Es indispensable el diálogo democrático.

Chile puede remontar las dificultades. La situación sanitaria debería mejorar con el proceso de vacunación. La economía tiene reales posibilidades de recuperar dinamismo, lo que supone la creación de puestos de trabajo. Es cierto que nada será sencillo debido a los estragos sufridos, pero no es un detalle que nuestro país aparezca en el primer lugar de América Latina en el último Informe de Desarrollo Humano de la ONU. Hay, pues, cimientos firmes. Pero la clave en el 2021 será la calidad de la política. Hay allí un reto gigantesco para los partidos. La guerrilla interminable perjudica a todos.

Hay que darle una oportunidad a la sensatez y favorecer los grandes acuerdos para que Chile progrese sobre bases sólidas. La mayoría quiere un país más seguro y solidario, que aliente la creatividad y el emprendimiento, que favorezca la integración social. Podemos avanzar en esa dirección. Trabajemos para ello.

¡Feliz Año Nuevo!

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