La hora del rechazo



Quizá pensando en el día nacional del Perú, el presidente encontró la piedra de los doce ángulos que hizo cuadrar el nuevo muro que constituye el gabinete. Revisando las piezas, todo parece diseñado con la regla que suele ocupar el mandatario para sus cuadernos. Los equilibrios internos en el difícil RN están listos, con Andrés Allamand en la siempre vistosa Cancillería, y Desbordes a Defensa -que como ex carabinero gozará del placer especial de ver a las fuerzas armadas rendirle honores. También la UDI puede apaciguar sus conatos de rebelión, pues sale Evopoli de la jefatura de gabinete, asunto solicitado al Presidente en todos los tonos posibles. La nueva generación de ese partido recibió una buena señal al tener en el gabinete al más talentoso de ese grupo, el diputado Jaime Bellolio.

Una lectura más allá de la cuadratura de las piezas es el giro que hace el gobierno hacia la opción Rechazo, cuando empiezan los aires de plebiscito. El ahora ex senador Víctor Pérez, es un conocido partidario de dicha opción. De la misma manera Allamand, aunque por su cargo no podrá opinar libremente del tema, obtiene un buen premio a su obstinación a cambiar la Constitución. Incluso Bellolio, hasta hace poco un entusiasta partidario del Apruebo y con buenas redes en sus colegas opositores, hizo su acto de constricción y vuelta a la tribu antes de entrar al gabinete.

Esta decisión tiene explicación clara en el desfonde que el gobierno ha tenido por la derecha. Una de las pocas buenas noticias que trajo la pandemia al Presidente fue la recuperación de ese mundo, que con su entusiasmo fue importante en su triunfo electoral. La imagen como conquistador en una Plaza Italia vacía de manifestantes y llena de rayados causó escozor en muchos, pero aplausos en los sectores horrorizados con el estallido social. También la presencia de fuerzas armadas en las calles y por tanto el fin al desorden callejero era dulce melodía. Piñera, con buena ayuda del coronavirus, logró detener la caída de votos y lealtades en su coalición. Para tenerlos contentos los complació insinuando varias veces que el plebiscito podría no realizarse y apoyando a su áspero Ministro de Salud.

Las cosas cambiaron después de la caída de Mañalich, vista por muchos como una concesión a los nuevos activistas digitales, y en especial a la presidenta del Colegio Médico. Si hubiese sido posible un desagravio público al saliente mandamás del mundo sanitario, habría llenado algún estadio del sector oriente. El temor a que se instalara nuevamente la complacencia a La Moneda hizo volver la sangría ultramontana. El coro de columnistas dominicales hablaba del presidente como un nuevo Kerenski, que ve impávido como su propia coalición bailaba al ritmo del triunfo de la oposición con el retiro de fondos previsionales. Con la salida del reformista Blumel y la llegada de un duro que alguna vez dijo que no había ninguna razón para cambiar la Constitución, Piñera apuesta nuevamente a parar la estampida de sus votantes.

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