La imagen es todo (o nada)

Macron



No era fácil convertirse en la postal del mundial, menos cuando no se es jugador. Pero, contra todo pronóstico (o no), Emmanuel Macron lo logró. Su imagen celebrando el triunfo de Francia en la Copa del Mundo se convirtió en viral rápidamente, opacando de paso a las estrellas de la cancha. En suma, el sueño cumplido de cualquier político: ser el protagonista principal de un evento al que fue invitado como actor secundiario.

Algunos pensaron que el más irritado con todo esto sería el presidente ruso, Vladimir Putin, anfitrión del evento, quien en la misma fotografía aparece en segundo plano, ignorando al eufórico Macron. Pero no hay que ser un experto en Putin para saber que eso no fue así. Como se supo después, la imagen en cuestión fue tomada por su fotógrafo personal y fue él mismo quien autorizó su difusión. En simple, todo fue orquestado en una historia que daría para otra trama rusa, esta vez para mejorar la imagen del francés.

Como esta no fue la única salida de libreto de Macron en la Copa del Mundo, la oposición no tardó mucho en criticarlo por su excesivo protagonismo, por su intento de apropiarse de un triunfo que es del país y no del gobierno. Y claro, si bien el argumento no pasa de un berrinche político, es cierto que apunta a un elemento central del presidente francés; su excesiva preocupación por la imagen.

Por eso la duda. ¿La fotografía es un acto espontáneo, el retrato de un hincha eufórico, o es algo demasiado estudiado, producto de miles de ensayos frustrados frente al espejo, hasta dar con la pose perfecta? A su favor está el que todo parece ser parte del azar. En su contra, el que la imagen no se condice con su carácter, porque es un tipo muy cuidado y apegado al protocolo, la antítesis de lo que vemos en la fotografía.

Una manera de aproximarse y entender a Macron es a través del documental El camino a la victoria, estrenado por Nexflix el año pasado. En él, los productores tuvieron pleno acceso a los 200 días de la campaña que lo llevó a la presidencia, y tiene la particularidad de que no hay narrador. Sólo filmaron, dejando que el verdadero actor fuera Macron. Ahí se aprecia no sólo su gran manejo de cámara, sino también la casi enfermiza preocupación por los detalles. Para cada acto o evento se discute no sólo lo que va a decir, sino también cómo se va a vestir, cuánto se tiene que maquillar.

Una escena muy reveladora de todo esto es cuando llega el momento de elegir la imagen oficial de la campaña. Le muestran cientos de imágenes ya seleccionadas y Macron las va rechazando una a una. Que salgo muy serio, que el pelo está mal, que me veo horrible, dice. Al final, todos agotados, deciden hacer una nueva sesión de fotos para lograr la imagen perfecta.

Para algunos, esta obsesión fue clave para ganar la elección. Pero también advierten que le puede jugar en contra. Nadie lo dijo mejor que el diario El País: "El documental de Macron deja claro que es un actor brillante ,y por eso, el público tiene la impresión de que mientras la cámara siga rodando, nunca dejará de actuar". Touché.

Esto corre también para analizar su estilo a la hora de vestir. Respecto de su imagen en el mundial, la revista GQ, publicó un artículo titulado: el traje de 400 euros que convirtió a Macron en el hincha mejor vestido de la historia. Ahí señala que sólo hay tres actividades en las que un hombre nunca debiera llevar un traje: dormir, hacer deporte e ir a la playa. Pero ser un hincha bien vestido es siempre un plus. Y, para la revista, Macron lo hace muy bien, porque elige bien sus trajes, pero también por su físico siempre fit, haciendo gala de la vieja norma del buen vestir que nos recuerda que siempre es mejor comprar menos ropa e ir más el gimnasio.

¿La imagen es todo? Buena pregunta. Porque si bien la fotografía hizo de Macron el personaje de la final, la cosa no sirvió para mejorar su imagen política. Al menos eso dice la encuesta de esta semana del matutino Le Figaro, donde si bien la gran mayoría de los franceses mostró un claro sentido de orgullo nacional por su selección, al mismo tiempo un 60% de ellos sigue desconfiando de su presidente.

¿La imagen es nada? Muy pocos se atreverían a poner una ficha en ese casillero. Lo que pasa es que nada es tan lineal. Aquí 2+2 no son cuatro. Como tampoco es que Macron sea pura imagen, aunque vaya qué postal dejó para sus nietos. ¿Con eso basta?

Por supuesto que no.

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