La imperfección de la semana perfecta

Sebastián Piñera



La primera semana del nuevo gobierno parece sacada desde una serie de televisión. Leyó bien a la opinión pública hastiada por los desaguisados de los últimos días del gobierno anterior, e hizo lo correcto. Cambió la plana mayor de Carabineros, sacando a Villalobos que llevaba varios meses prestado en el cargo. El nuevo general director fue elegido con pinzas para que fuera lo más alejado de la filosofía de control político que rodeó al caso "Huracán", y sobre todo del escándalo "Pacogate".

Por otro lado, retiró el polémico decreto que nombraba notario al fiscal del caso Caval. Lo hizo sin entrar en la polémica por el rol de la jefa de gabinete de la anterior presidenta, y sin tampoco dar mayores explicaciones. También en esta semana, el nuevo ministro de la Segpres se extremó en atenciones con la oposición para así navegar en las aguas turbulentas del Congreso. En otro acierto, la ministra del Medio Ambiente descartó la peregrina idea de una conciliación en el polémico proyecto de la minera Dominga, obligando al Tribunal Ambiental a resolver el fondo. El resto del gobierno, salvo alguna estridencia del ministro de Economía, también pareció cuidar las formas y evitar polémicas de más, centrándose en gobernar.

Tanta perfección muestra una cuidadosa preparación de los primeros días de gobierno. El contraste evidente con la retirada en desorden de la Nueva Mayoría, donde todo el diseño del ex segundo piso sobre el legado no eran más que fanfarronadas, fue un regalo que permitió lucirse más aún en su partida.

Pero tras toda esta cortina de corrección se esconde un problema profundo del gobierno de Piñera. Su desconexión con el rumbo que tiene el país parece aún mayor. El gobierno se sigue viendo como demasiado derechista en una sociedad cada vez más secularizada y liberal. No hay en el relato de las nuevas autoridades alguna concesión a ello, sino una negación hacia el mundo nuevo en que viven los chilenos.

En la derecha siguen creyendo que ganaron porque el país se derechizó y no porque se enfrentaron a un candidato mediocre que nunca incluyó la palabra "crecimiento" en su verborrea. Si se revisan las encuestas que realizó el gobierno anterior y se publicaron estos días, se verán ciudadanos desconfiados de la política, pero que creen en sí mismos, queriendo más libertades, más derechos, con un fuerte apoyo a la gratuidad universitaria y la ley de aborto en tres causales, un fuerte rechazo a los abusos empresariales y una decepción respecto de la presidenta Bachelet.

La evidente ceguera de quienes "orejeaban" a la presidenta parece que se contagió a las nuevas autoridades, que siguen oliendo a conservadurismo en todos sus discursos. Un ejemplo de ello fue el foro Icare, donde ninguno de los tres ministros del nuevo gabinete se hizo cargo del nuevo Chile y parecieron más dignatarios de los Borbones después de la caída final de Napoleón predicando la restauración económica. El más arrebatado de ellos sin duda fue el ministro de Planificación Social, quien culpó a los migrantes de los problemas sociales, bailando a la música del populismo conservador que campea en Twitter.

El riesgo de tal corrimiento a la derecha en una sociedad mucho más liberal y consciente de sus derechos es que finalmente el gobierno no pueda tener agenda y que sean los acontecimientos los que pauteen su acción, dejándolo a merced de los vientos. Un ejemplo de ello es el cambio que tuvo que tener en materia de identidad de género a raíz del éxito de la película Una mujer fantástica.

Comenta

Imperdibles