Rafael Rosell Aiquel

Rafael Rosell Aiquel

Abogado, Licenciado en Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Magister en Ciencias Políticas, experto en Derecho Público y Etica, política internacional con foco en Medio Oriente. Académico Erasmus y Profesor Honoris Causa de National University of Political Studies and Public Administracion de Rumania. Miembro del Foro Académico Permanente América Latina y el Caribe-Unión Europea. FAP ALC-UE.

Opinión

La influencia de China en medio Oriente


¿Cómo ser el amigo de todos en Medio Oriente sin morir en el intento? El ejemplo es China que mantiene buenas relaciones tanto con Irán, Arabia Saudí o Israel.

La influencia china llega hasta Oriente Medio -zona esencial para Beijing- cuando es el mayor consumidor de petróleo del mundo. Por eso a través de equilibrios diplomáticos, inversiones millonarias y poder blando se ha presentado como el negociador imparcial y neutral que respeta la soberanía de los países y al que se puede acudir para mediar en conflictos como la guerra de Siria o el conflicto israelí- palestino.

Tal es así que en 2016, el presidente chino Xi Jinping se paseó por Irán y Arabia Saudita, las dos potencias enfrentadas de la zona, vendiéndoles millones de dólares en armas a ambos.

El motivo principal del viaje de Jinping -al mando de la superpotencia creciente- fue consolidar el flujo constante de petróleo debido a que la mitad de sus importaciones provienen de Medio Oriente. Pero para Arabia Saudita los acuerdos económicos con la industria china busca reducir su dependencia política y militar respecto a los estadounidenses. Tanto es así que excepcionalmente los sauditas han conseguido que China interviniera en los asuntos internos de Yemen, respaldando al Gobierno local que lucha contra los insurgentes chiítas hutís.

Las inversiones en Israel y la influencia geopolítica

Entre Arabia Saudita e Irán, la superpotencia china quiere de sus crecientes vínculos con Israel sacar ventaja de la alta tecnología y una fuerte presencia geopolítica en Medio Oriente.

El comercio anual entre los dos países superó los 11 mil millones de dólares, 200 veces más que la cifra anual de 1992, según datos del Ministerio de Asuntos Exteriores de Israel. Para poner esto en perspectiva, el comercio de Estados Unidos con China creció aproximadamente 20 veces durante el mismo período.

Algunos de los acuerdos logrados pueden involucrar tecnología militar y tener consecuencias geopolíticas que podrían amenazar la seguridad de Estados Unidos. Beijing se está enfocando en la fortaleza de Israel en el desarrollo de tecnología con aplicaciones militares que pueden servir a las necesidades de defensa y seguridad de China.

Actualmente, Israel cuenta con uno de los sectores de inteligencia artificial y aprendizaje automático más grande y avanzado del mundo con más de 430 empresas. A los observadores les preocupa que estas tecnologías -ambas con aplicaciones militares- puedan caer en manos de China.

Beijing también quiere que Israel participe en su iniciativa “Un Cinturón, Una Ruta” para asegurar un punto de apoyo estratégico en el Mediterráneo oriental en su conjunto que busca establecer rutas comerciales terrestres y marítimas a través de proyectos de infraestructura en más de 60 países de Asia, Europa, África y América Latina.

Actualmente, China firmó dos proyectos OBOR que incluyen la expansión de la infraestructura de dos puertos marítimos israelíes, Ashdod y Haifa.

Esto planteó problemas de seguridad tanto en Israel como en Estados Unidos porque los operadores portuarios chinos podrán monitorear de cerca los movimientos de los barcos estadounidenses, estar al tanto de las actividades de mantenimiento, y podrían tener acceso a equipos que se mueven hacia y desde los sitios de reparación, e interactuar libremente con sus tripulaciones durante períodos prolongados.

La Nueva Ruta de la Seda

El petróleo es un motivo importante para su presencia en Oriente Medio pero la zona de Eurasia es el campo de pruebas del mayor proyecto de desarrollo económico de la historia de la humanidad denominada la Nueva Ruta de la Seda.

Esta Nueva Ruta de la Seda consiste en un plan de infraestructuras, tratados económicos, alianzas e influencia global elaborado por el Partido Comunista que va de China a Europa y tiene a Oriente Medio como eje de unión clave.

Para llevar a cabo este plan, China necesita estabilidad en la región. Uno de los aliados claves, con el que cuenta es Irán y por ello ha sido su gran ayuda durante la etapa de negociaciones sobre su programa nuclear y firmaron sustanciosos contratos en armamento.

Teherán es una pieza geopolítica clave en el camino de la Nueva Ruta porque es el país que une físicamente Asia Central con Oriente Medio y como gran potencia de la zona enfrentada a Arabia Saudita, es esencial para mantener la estabilidad en la región.

Con respecto a Siria -que le afecta directamente- China ha mantenido un perfil neutral en la guerra y en las instituciones internacionales ha defendido una solución política del conflicto y no respalda abiertamente a ningún bando. Apoyó económicamente y en seguridad al gobierno sirio, pero se distancia de las acciones militaristas rusas y reniega de conseguir la paz con las armas.

Lo que realmente le importa es que Medio Oriente tenga estabilidad y aumentar su influencia en la región en competencia con Washington y Moscú donde China se presenta como el árbitro respetable y poderoso. Beijing puede ayudar a mediar en las disputas de la zona más conflictiva del mundo teniendo relaciones con Israel y a la vez apoyar la causa palestina.

Su postura de no intervención en los asuntos internos satisface a la mayoría de dictaduras de la región. No busca expandir la democracia, imponer derechos humanos o derrotar a ningún bando, sino que el orden establecido se mantenga y se pueda hacer negocios con tranquilidad. Y es una fórmula que hasta el momento ha conseguido mantener.

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