La irrupción imparable de las Fintech

En el 2010, el valor de las compañías y plataformas de pago Fintech era solo un 3% respecto de las 500 mayores empresas financieras a nivel mundial. En 2020 ese porcentaje es cercano al 30%.



En el 2010, el valor de las compañías y plataformas de pago Fintech era solo un 3% respecto de las 500 mayores empresas financieras a nivel mundial. En 2020 ese porcentaje es cercano al 30%. Es más, hoy en día, cinco de las diez mayores empresas financieras en el mundo son plataformas y Fintech como Visa, PayPal o Ant Financial.

Las Fintech llegaron para quedarse. Su crecimiento está siendo exponencial y no parece que vaya a parar. De hecho, solo en Chile (según datos de Finnovista), el ecosistema ha crecido casi un 50% a junio de 2019 y ya hemos visto algunas empresas financieras tradicionales asociarse o entrando a la propiedad de este tipo de compañías, mientras otras Fintech locales ya iniciaron su expansión internacional. Y es que el uso masivo de datos de distinto origen, la inteligencia artificial y el machine learning permiten una mejor gestión de riesgos y mejores precios basándose en procesos más simples y enfocados en las necesidades y experiencia para los clientes.

El pensamiento Fintech parte por poner al cliente en el centro, entendiendo sus distintas necesidades, comportamiento y preferencias. Y en base a eso se organizan las operaciones y procesos de la empresa. ¡Esta es la parte fácil!

Lo complejo viene por el lado de la cultura y de las personas. Es imprescindible generar formas de trabajo ágiles, con equipos multidisciplinarios y OKRs (objetivos y resultados claves) que validen los pasos que se van dando. Parece sencillo cuando la empresa es un start-up. Pero a las empresas financieras incumbentes les cuesta eliminar silos, jerarquías, burocracia e inercias que cohíben la agilidad y el enfoque en las necesidades y experiencias de los clientes.

La clave para poder lograrlo es un liderazgo claro que realmente crea que no hay tiempo que perder en gestionar el cambio necesario para convertir a toda la empresa en una Fintech. Eso se puede conseguir orgánicamente (aunque es difícil), o por asociación con una o varias Fintech como catalizadores e impulsores del cambio. Lo que esta claro es que quien no esté en este barco es muy probable que no llegue a puerto.

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