José Miguel Serrano

José Miguel Serrano

Opinión

La nobleza de espíritu y el pago de Chile


Somos uno de los países que genera menos beneficios para sus pensionados dentro de la OCDE. Las razones pueden ser múltiples, pero la realidad es una sola. En Chile estamos acostumbrados a tratar mal a nuestros ciudadanos. El Estado cobra por todo y en todos los ámbitos, pero el dinero a menudo se despilfarra. Y en el ámbito privado, las grandes empresas se acostumbraron a tener una enorme desconsideración para con los consumidores, manipulando precios, calidad, publicidad y otros factores de mercado. No todas, por cierto, pero sí muchas. Las medianas y pequeñas compañías deben luchar contra el poder ejercido por los grandes conglomerados. Los más pequeños se esmeran y siguen adelante, a pesar de la inmensa cantidad de trabas, dificultades y falta de apoyo real que encuentran al interior del Estado, como un todo.

El empresariado, sobre todo el más grande y poderoso, debe mostrar nobleza en su accionar. También más amor por el país y su gente, en especial por los menos privilegiados, los jubilados, los “ciudadanos de a pie”. Personalmente, creo en la libertad del individuo y en los beneficios del emprendimiento, pero con amor hacia Chile y nobleza de espíritu. Esta filosofía podría parecernos obsoleta en la actualidad, tanto en lo que se refiere al término nobleza como al de espíritu. Bastante oxidada y olvidada está la idea fundamental que inspiró al humanismo desde siempre, y que se situaba en la base de la consciencia de nuestra sociedad. Allí estaba esa nobleza que nos instaba a rechazar la falacia y el pragmatismo acomodaticio que destruye la dignidad individual, para apostar por la valentía aún a costa de nuestros intereses particulares, por la búsqueda de la transparencia, y por el triunfo del saber sobre la ignorancia. Esto es lo que se podría entender por “nobleza de espíritu”. Unos valores que están quedando olvidados entre las montañas de objetos físicos que los sustituyen, en la sociedad chilena de la opulencia y la ostentación.

La actitud de quienes se regulan por esa nobleza de espíritu contrasta profundamente con la laxitud moral del Chile actual, un hecho que se expresa cotidianamente en una multitud de escándalos de corrupción y corruptela – principalmente políticos, pero no de manera exclusiva -, y la falta de una reacción más vigorosa ante comportamientos públicos viles. Hay una permanente justificación de estos hechos por parte, no ya de sus protagonistas, sino de sus allegados y de los partidos a los que pertenecen. Esta es la razón por la cual los políticos tienen tan baja aprobación ciudadana. Aún así, lo más grave sería, sin duda, que la esperada reprobación de la gente no se manifestara durante los procesos eleccionarios de un par de años más.

 

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