La oposición al borde del precipicio



Por Carlos Ominami, economista

No ha caído pero está cerca. La brecha entre la amplitud de la movilización social y la estrechez de la acción política de las fuerzas de oposición es brutal. En vez de reducirse, la distancia entre la sociedad y la política se hace cada vez mayor. La posibilidad que la oposición en su conjunto caiga al precipicio es real, producto de su incapacidad para cumplir con una tarea esencial: canalizar, conducir, representar o como quiera definirse el clamor popular.

El acuerdo constitucional del 15 de noviembre fue posible por el vigor de la movilización social. A pesar de las críticas que suscitó fue un triunfo insospechado de la política y de las fuerzas populares luego de años de declinación. Pero, correspondió más a un momento que a un proceso de mayor alcance.

Es cierto, sobrevino la pandemia que lo inundó todo. Se interrumpió la movilización y el plebiscito previsto para abril se debió postergar para octubre. Durante los largos meses de confinamiento la oposición tendió a desaparecer. No era fácil mantener una gran presencia. En las crisis son los gobiernos los que concentran el protagonismo.

Todo indica que la opción Apruebo obtendrá un triunfo importante en el plebiscito del próximo 25 de octubre. Será esencialmente una victoria ciudadana con un aporte muy modesto de los partidos. De hecho, se involucraron poco en las iniciativas destinadas a garantizar un plebiscito seguro y la franja de televisión ha estado muy lejos de ser “creativa, luminosa, educadora” como lo señaló con tristeza Raúl Zurita.

La imposibilidad para concordar algo tan elemental como primarias abiertas para todos los cargos en disputa constituye un nuevo golpe a las expectativas de una transformación profunda. De persistir, la división de la oposición de cara a las elecciones de abril anticipa un escenario de derrotas en alcaldías y gobernaciones, y una convención constitucional trabada por una derecha sobrerrepresentada gracias a su mayor unidad. En este cuadro, es perfectamente posible imaginar una Constitución de mínimos promulgada en el 2022 por un Presidente conservador.

La ilusión de disponer de una Constitución que establezca nuevos derechos como resultado, por primera vez en nuestra historia, de un proceso democrático terminaría así en una gran frustración.

Este es un curso probable pero no inexorable. Es todavía posible evitarlo. Frente a la catástrofe que amenaza se requiere de una introspección profunda por parte de todas las fuerzas políticas que componen el arco opositor. Se requiere lucidez para entender que las divisiones nos condenan, que una derrota como la que amenaza arrastrará a todos los partidos sin distinción, que ninguno ganará, que todos perderán. Se requiere también humildad para asumir que los partidos no pueden continuar detentando el monopolio de las decisiones, que deben abrirse y recomponer lazos con la sociedad y los movimientos sociales. Todavía es tiempo, todavía se puede.

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