Juan Ignacio Brito

Juan Ignacio Brito

Periodista

Opinión

La oposición extraviada

Senadores de la ex Nueva Mayoría en el Congreso.

La oposición parece perdida. Sin ideas, rostros visibles ni agenda propia, se muestra reactiva e incapaz de formular propuestas que atraigan. Ha cedido en bandeja la iniciativa a un gobierno que comenzó el verano contra las cuerdas, con cifras de desaprobación al alza y severos problemas derivados del caso Catrillanca, pero que lo está terminando justo al revés: revirtiendo los indicadores negativos, luciendo proactivo en terreno ante las emergencias climáticas y los incendios forestales, y actuando con decisión en la crisis venezolana. Mientras eso ocurría, la oposición permaneció de brazos caídos y desarticulada, limitándose a criticar con voz destemplada desde las redes sociales.

Por supuesto, nadie puede pedirle a la oposición que aplauda al gobierno. Sin embargo, resulta indudable que detrás de esta pausa veraniega se oculta la incapacidad de los partidos y personeros de los partidos opositores para lanzar propuestas que encanten al país y para concordar un mecanismo que les permita enfrentar unidos al Ejecutivo.

Como si se tratara de un balancín, el volumen de las declaraciones opositoras ha ido subiendo mientras la calidad de su performance política ha ido bajando. El ejemplo más concreto se da en las redes sociales -especialmente Twitter-, donde el tono general de los reclamos opositores fluctúa entre la exaltación y la histeria. Solo así se entiende que, por ejemplo, un tipo habitualmente mesurado como el excanciller Juan Gabriel Valdés caiga en el tropicalismo de tuitear que el viaje de Sebastián Piñera a Cúcuta a entregar ayuda humanitaria a los venezolanos será “el acto más populista que ha realizado un Presidente de Chile en la historia del país”. Una exageración por donde se la mire.

No es raro que una oposición que no ha logrado organizarse ni presentar proyectos se muestre negativa, crispada e hipersensible. El problema para ella es que, si permanece en ese estado, no llegará a ser percibida por el electorado como una alternativa viable de gobierno. Por el contrario, continuará haciéndole el juego a La Moneda y polarizará el debate político en beneficio de su rival más enconado, el exdiputado José Antonio Kast.

La oposición debería recapacitar. Lo está haciendo tan mal que se ve superada por un gobierno que no tiene demasiado que mostrar y del que todavía no se sabe cuál es su gran proyecto para el país. En lugar de ofrecer una propuesta digna, la oposición se asemeja hoy a un comentarista amargado: alza la voz, muestra indignación y rechaza todo lo que hace el gobierno. Poca cosa. Si no cambia pronto, su única posibilidad de retornar a La Moneda será partir en peregrinación a Ginebra a rogarle a Michelle Bachelet que vuelva.

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