La Paridad más allá de los números: impacto en las decisiones de la Convención



Por Marcela Ríos y Valentina Salas, Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en Chile

El actual proceso constituyente en Chile no solo dará origen a la primera Constitución redactada por un órgano democráticamente electo para dicho propósito en el país, sino que será la primera institución de ese tipo en el mundo con un equilibrio de género total en su composición, con 78 hombres y 77 mujeres. Sin embargo, más allá de la relevancia de alcanzar una representación equilibrada, existe un debate abierto respecto del efecto que tiene el ingreso masivo de mujeres a estas instituciones en las decisiones y políticas que son finalmente adoptadas.

En ese sentido, un reciente estudio del PNUD y Plataforma Telar muestra que la paridad de género no es solo un avance en permitir el ingreso de mujeres a espacios en los que han estado históricamente subrepresentadas, sino que también ha tenido un impacto sustantivo en los resultados de las votaciones durante los primeros meses de funcionamiento de la Convención. Es decir, la presencia igualitaria de mujeres en un órgano deliberativo que incide en las decisiones que se adoptan y, es posible constatar una dimensión de género que influye en las votaciones de convencionales más allá de sus posiciones políticas, étnicas o territoriales. Al analizar y categorizar temáticamente las 923 votaciones que se dieron en el período de instalación y definición de reglamento, se observa que las mujeres convencionales votan en forma más similar entre ellas que los hombres convencionales. Esta mayor cohesión en cómo votan las mujeres se ha dado con mayor proporción en temas relacionados a pueblos indígenas, medioambiente y respecto de la redacción de los respectivos textos.

A través de una metodología de simulaciones, el estudio analiza también cómo hubieran sido los resultados de las votaciones si la Convención Constitucional no hubiese sido paritaria y tuviera, por el contrario, una proporción de mujeres similar a la de la actual Cámara de Diputados (23%). Este ejercicio muestra que, sin un equilibrio en el número de mujeres y hombres en la Convención, algunas decisiones sobre temáticas clave que se tomaron en este período habrían tenido un resultado distinto, algunas siendo aprobadas y otras rechazadas. El mayor impacto de la paridad, que las mujeres voten en igualdad numérica respecto de los hombres, se da en temáticas sobre pueblos indígenas, procedimiento y participación popular.

Por ejemplo, las simulaciones indican que las mujeres fueron clave en aprobar votaciones sobre temas fundamentales para hacer el proceso de instalación de la Convención más inclusivo. Este es el caso de la indicación de que la descentralización se utilizaría como criterio de corrección de las vicepresidencias adjuntas, que se habría rechazado sin paridad de género. Lo mismo sucedió en la discusión del reglamento con la aprobación de incorporar la autonomía del pueblo tribal afrodescendiente como un tema a tratar por la Comisión de Forma de Estado, Ordenamiento, Autonomía, Descentralización, Equidad, Justicia Territorial, Gobiernos Locales y Organización Fiscal de la Convención. En un órgano con una proporción de mujeres similar a la Cámara de Diputados, sin paridad de género, la incorporación de este tema habría sido rechazada.

Estos resultados muestran que la paridad de género es clave tanto para avanzar hacia una igual representación de las mujeres como para transformar el contenido de las decisiones y políticas. La presencia de las mujeres no contribuye solo a representarlas mejor, sino también a incorporar miradas, preocupaciones y preferencias que han estado ausentes de los debates públicos. En sus seis meses de funcionamiento, el proceso constituyente en curso representa ya un avance en esta materia, quedando por ver de qué manera la paridad de género impactará la discusión y votación de las futuras normas constitucionales. La Nueva Constitución llevará sin duda la impronta de una representación más igualitaria, sirviendo de guía y aprendizaje no solo para otros órganos del Estado en Chile, sino también para las políticas de igualdad de género a nivel mundial, promoviendo sociedades más justas e inclusivas.

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