Venancio Coñuepan

Venancio Coñuepan

Opinión

La paz de los monos con navaja

Resguardo policial en fundo Centenario, en Pidima, comuna de Ercilla. Foto: Archivo

Hace casi 150 años se dictó una ley que puede explicar en buena parte el origen del conflicto chileno – mapuche, se trata de la Ley del 21 de agosto de 1868 que tenía un solo artículo en donde se autorizaba al Presidente de la República para aumentar en 1.500 hombres las fuerzas del Ejército permanente destinado a la Frontera e invertir hasta $500.000 de la época. Esta ley tenía un solo propósito, que lo dejo bastante claro el Diputado Benjamín Vicuña Mackenna, hay almas tímidas que se asustan de pronunciar la verdadera palabra que es la más amplia solución a esta cuestión: la palabra Conquista. Pero yo, señor, la he dicho en alta voz y la repito otra vez como mantra de mi consciencia de ciudadano, como una inspiración de mi patriotismo: Delenda Arauco (Destruir Arauco)”.

La Ley de 1868 tuvo su origen en un supuesto robo de catorce caballos, lo anterior, motivo dos expediciones al territorio mapuche para reprender a los autores, ambas batidas y destrozadas por los mapuche. Posteriormente, otra expedición hizo prisioneros a varios mapuche, dos de los cuales fueron fusilados. Por supuesto, que lo anterior motivo reclamaciones al gobierno y sublevaciones de varios lonkos.

En la discusión parlamentaria de esta ley, uno de los pocos que se opuso fue el Diputado Liberal Justo Arteaga Alemparte, quien señalaba que “el alzamiento mapuche vino después de las dos primeras expediciones… expediciones que no dio otro fruto que el harto triste y deplorable incendio de algunas chozas. Después de eso vino la sublevación. Y ¿cómo se quiere detenerla? ¡Apenas es creíble! ¡Con los mismos medios que la provocaron y la hicieron estallar! Enviando ejércitos numerosos a talar, saquear y destruir las casas, los campos, las vidas de aquellos mismos mapuche que, según dice el Honorable Ministro de la Guerra, son nuestros compatriotas, haciendo una guerra salvaje, enteramente salvaje, predicando la civilización chilena con el vandalaje y el incendio”, añadió “en el fondo, en el último fondo del proyecto, no hay otro objetivo que la guerra del exterminio”.[1]

A casi siglo y medio las autoridades de Chile aún no aprenden la lección, no importan las buenas intenciones del Ministro de Desarrollo Social Alfredo Moreno o la retórica multicultural del Presidente Sebastián Piñera, mientras existan personas en el gobierno que actuando como monos con navaja que repiten una y otra vez que la receta para salir del conflicto es la fuerza pública, una receta que por cierto ha fracasado en los últimos 20 años, cualquier intento por la paz está destinado al fracaso. Tanto es así, que hoy otros Parlamentarios, Intendentes y Ministros, con más ímpetu y muchísimas menos luces que las Vicuña Mackenna dicen entre otras cosas que las últimas acciones (cinco atentados del fin de semana) demuestran una vez más la necesidad de reforzar la acción policial, como lo hemos estado realizando con la creación de la fuerza antiterrorista (Comando Jungla), y de avanzar en las modificaciones a la ley para tener medidas operativas y legislativas más eficaces”[2].

Lo que no entienden los gobiernos, es que en las últimas décadas las políticas indígenas estatistas nos han conducido a una encrucijada en las relaciones chileno – mapuche, un camino (el del asistencialismo y clientelismo) nos conduce a la desesperación y exasperación, mientras que el otro (el de la fuerza) nos puede llevar a la completa extinción. El país necesita un nuevo camino, uno que no signifique que gobierno tras gobierno se perpetué el status quo, Chile necesita una reconciliación con el pueblo mapuche, no un nuevo programa Chile Indígena, no más inyecciones de recursos a Conadi, no un nuevo Plan Araucanía. Las autoridades chilenas deben entender el origen del conflicto, deben revisar el espíritu de las primeras leyes indígenas y los tratados que firmaron con nosotros, sin reconocimiento y verdad histórica es imposible que exista reconciliación.

Por lo mismo, no podemos tener Intendentes que no sepan dónde están parados, hace unos días el Intendente de La Araucanía, Luis Mayol se refirió a la propuesta de Reforma Constitucional del Senador Francisco Huenchumilla, diciendo “yo creo que el señor Huenchumilla se está adelantando a lo que el gobierno tiene en su programa y que por lo demás son proyectos que se están tramitando. El gobierno dijo que iba a establecer un Ministerio de Pueblos Indígenas y un Consejo de Pueblos Indígenas, elegidos por votación popular y con carácter vinculante, y eso no ha cambiado. El gobierno también dijo que iba a estudiar la participación política de los pueblos indígenas, que el señor Huenchumilla va mucho más allá y lo politiza absolutamente. Él está convencido que lo que pasa en La Araucanía es un problema ciento por ciento político y eso lo llevamos discutiendo 25 años. Hay que de una vez por todas sincerar el tema, y yo lo he visto, la gente quiere desarrollo, conservando su cultura y costumbres… entonces, que hable de Estado Plurinacional, casi le preguntaría si vamos a traer a Evo Morales para que nos diga cómo hay que instalarlo”, y para que no quedarán dudas de su erudición, añadió hace 25 años, cuando empezó todo este movimiento que se llama mapuche, tenía mucho de delictual, doctrinario y filosófico, pero después de 25 años, la gente se aburrió, así quedó en evidencia en la última elección”[3].

Lo que el Intendente Mayol debe entender, aunque le cueste, es que los indígenas también pueden ser grandes políticos como es el caso de Senador (y no señor) Huenchumilla y del Presidente (y no él) Evo Morales, por tanto, no tengo duda que ambos podrían enseñarnos muchas cosas; segundo, que lo que tiene 25 años es la ley indígena 19.253, no el conflicto chileno – mapuche, además, aunque sea de perogrullo que está es una de las más de cien leyes indígenas que se han dictado; tercero, que las propuestas de políticas indígenas no han tenido resultado en las últimas décadas porque las diseñan personas de Santiago, como usted, que no tienen idea del conflicto, que creen que porque una persona en estado de necesidad les dice que quiere un bono, todo se soluciona con bonos y que pretenden tener todo super acotado, conversado y ordenado” entre cuatro paredes y que nosotros les llevaremos el amen.

La ira, la frustración y la violencia no se irán de un día para otro, pero hoy el Comando Jungla y todas las propuestas de fuerza pública, al igual que en 1868 en vez de terminar con las sublevaciones, las causaran. Después de décadas de comisiones, discusiones, negociaciones y promesas incumplidas, las esperanzas son pocas, pero todavía quedan. El gobierno debe entender que ellos han sido y son una parte importante del problema, que deben actuar responsablemente y con gente que de verdad quiera avanzar en la paz, no basta poner en cargos de medio pelo a personas con apellido indígena que saben menos que Mayol, la solución al conflicto requiere voluntad política y un compromiso real de avanzar en esa dirección.

La no solución al conflicto no pasa por más recursos para las comunidades, ni siquiera se trata de más o menos consultas indígenas, el verdadero problema final es cambiar quien toma las decisiones, la solución pasa porque el pueblo mapuche tenga el control de su propio destino y tome sus propias decisiones sobre su futuro, tal como lo dicen la decenas de tratados de paz que firmamos con la República de Chile, sólo así podremos construir un futuro juntos, una ruca en donde podamos vivir como pueblos hermanos.

[1]     Discusión Parlamentaria Ley 21 de agosto de 1868. Pág. 590.

[2]     La Tercera. Interior vincula quemas en regiones con presión para beneficiar a Machi preso. 16 julio 2018. Disponible en: https://www.latercera.com/nacional/noticia/interior-vincula-quemas-regiones-presion-beneficiar-machi-preso/245682/

[3]     Diario Austral Temuco. El grupo que usa la violencia está cada vez más reducido y ha mutado hacia lo delictual. Disponible en:  http://www.australtemuco.cl/impresa/2018/07/15/full/cuerpo-reportajes/6/

 

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