Juan Pablo Ramaciotti

Juan Pablo Ramaciotti

Director de Incidencia Servicio Jesuita a Migrantes

Opinión

La sociedad que elegiremos

FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

El aumento de la inmigración en Chile nos pilló desprevenidos. No sólo porque las instituciones y las leyes que tenemos son incapaces de abordar el tema adecuadamente, sino –sobre todo- porque no nos hemos preguntado en serio qué tipo de sociedad queremos ser ante la llegada de otros, especialmente de aquellos que por distintas razones están en una situación complicada.

Es natural y comprensible que el aumento de personas migrantes genere preocupación, incertidumbre e incluso temor a quienes viven en Chile, especialmente a aquellos que todos los días deben esforzarse el doble por mantener (o conseguir) un empleo, asegurar educación a sus hijos e hijas y alcanzar una hora médica a tiempo. Si vivo en la intranquilidad de que quizás mañana va a faltar lo mínimo, por supuesto que me preocupará cualquier situación que eventualmente pudiese poner en riesgo ese mínimo.

La pregunta crucial es cómo reaccionamos ante esa incertidumbre. Frente a las preocupaciones por el empleo, la educación, la seguridad y la economía no basta con empatar o anular las críticas a la migración desmitificando prejuicios o mostrando los beneficios que aportan los extranjeros al país. Porque esas son respuestas posteriores a la aceptación del supuesto de que, para vivir en Chile, debes ser capaz de sumar más que restar, tener más que necesitar y aportar más que recibir. ¿Quién nos convenció de que si alguien no es “de los nuestros” merece menos? ¿Por qué validamos con tanta facilidad que si no tengo asegurado lo mío no cabe preocuparnos de lo que necesita el otro? ¿En qué momento decidimos que sólo aceptaremos en nuestra sociedad a los que “aportan”? A todo esto, ¿tenemos una definición común de lo que significa aportar?

Pareciera que en algún momento nos adormecieron para convencernos de que no hay alternativa más que proteger “lo nuestro”; que no es razonable arriesgarnos a vivir con quienes no conocemos porque puede ser peligroso; que si abrimos hoy las puertas perderemos nuestro espacio; que si compartimos lo que tenemos se nos puede acabar… Lo paradójico es que estas premisas no sólo aplican al hablar de migración: basta mirar cómo se distribuyen en nuestro país la riqueza, las ciudades, el poder y los privilegios.

Hoy en Chile son muchos (muchos más de los que generalmente vemos) los ejemplos de personas, barrios, comunidades y organizaciones que están apostando por la construcción de una sociedad distinta, donde valoramos la diversidad, ponemos la dignidad de todas las personas en la misma balanza y reconocemos que todas y todos tenemos los mismos derechos. Esa sociedad ya existe en parte, y debemos seguir construyéndola.

Frente a quienes se abren paso azuzando el odio, instalando mentiras y provocando temores que nos deshumanizan, no podemos sino reivindicar la solidaridad, la verdad y la justicia. No se trata de ser ingenuos o desapegados de la realidad, sino de saber con quiénes, cómo y hacia dónde queremos avanzar. Y esto no sólo se refiere a la inclusión de quienes migran a Chile, sino de todas las personas que el sistema chileno deja atrás para ser más “exitoso”. Quizás no llegaremos tan rápido como queremos, pero llegaremos como sociedad, donde nadie sobra, donde no hay un ellos o yo, sino un nosotros.

#Tags


Seguir leyendo